17.JUL Miércoles, 2024
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Opinión

Como a la gente parece no gustarle los titulares en inglés (cada vez que pongo uno para mi columna dejo de ser el más leído de todos los domingos y paso a convertirme en el segundo, según el ránking de Perú21), hago la traducción libre del de una vieja película que aquí fue estrenada como el Misterio Von Bülow, pero cuyo título original es Reversal of fortune.

Se trata del sonado caso real de la magnate y socialité norteamericana Sunny Von Bülow, quien quedó en coma durante 28 años y cuya muerte en vida se la achacaron a su marido, el aristócrata Claus Von Bülow, quien fue juzgado, condenado y posteriormente absuelto por intento de asesinato. No vienen aquí a cuento los entretelones de la historia. Lo importante es saber cómo la fortuna que parecía echada contra el marido de la desgraciada Sunny –sindicado por una serie de “indicios” y “prejuicios” de una opinión pública que lo encontraba frío como un témpano, cínico, distante, hierático y ególatra (al aristócrata inglés, evidentemente, no le gustaban las hamburguesas)– cambia en una vuelta de tuerca inesperada y pasa del cadalso a la libertad más absoluta. La moraleja de la historia es que muchas veces las cosas no son como parecen y el “villano” termina, si no como héroe, riendo al último y mejor.

Hago esta reflexión después de que esta semana se debatieran en el Pleno del Congreso los informes de la megacomisión, que en su momento presidiera el congresista Sergio Tejada sobre presuntas irregularidades en el segundo gobierno del ex presidente Alan García. Se aprobaron tres de los cinco informes, pero, en lo que respecta a Alan García, el hecho mondo y lirondo es que no se encontró ningún indicio de desbalance patrimonial ni enriquecimiento ilícito.

Sergio Tejada, preguntado sobre este hecho, ha afirmado que en la megacomisión “tenían claro que era imposible que él (García) tuviera manejos irregulares en sus cuentas personales porque ya ha sido presidente y en los 90 fue investigado por enriquecimiento ilícito y era previsible que no se encontrara nada irregular”. En otras palabras, Tejada está diciendo entre líneas que Alan García es muy “cuco” para que le encuentren nada que lo comprometa. Entonces, los contribuyentes se preguntarán cuál fue la razón por la cual, si Tejada ya sabía que a García no se le iba a encontrar desbalance alguno”, se gastaron en la megacomisión S/.1’483,100.83 para “investigarlo” y… ¡llegar a nada!

Así las cosas, Tejada afirmaba que lo importante de la investigación era en realidad “el entorno del ex presidente”. Se refería a Luis Nava y Aurelio Pastor, ex secretario general de la Presidencia de la República y ex ministro de Justicia, respectivamente. Podría ser que haya sido importante investigarlos si no fuera porque el mismo Tejada ha concluido que en ambos casos “no hay instrumentos suficientes que permitan hacer una denuncia penal”. O sea, al igual que García, “nada” es poco decir. ¿Qué queda entonces del millón y medio gastado por Tejada en su quehacer inquisitorial? Algo, de verdad, muy interesante y que para García vale su peso en oro en otro caso, el de los ‘narcoindultos’, a saber: la lógica del mismo Tejada que termina por absolver al ex presidente. Porque si Alan García es tan “cuco” como para no exponerse a “manejos irregulares” que lo comprometan, entonces ¿cómo podría explicarse que haya firmado indultos públicos y notorios a sentenciados por narcotráfico para, según sus enemigos, favorecerse? Resulta evidente, según el propio Tejada, que esto no tendría el menor sentido.

Así cambia la fortuna cuando los indicios no son más que prejuicios y el acusador lo admite. La gratitud de García a sus inquisidores en Twitter es la misma ironía con la que el liberado Claus Von Bülow respondió a la prensa cuando le preguntaron qué iba a ser de su vida ahora que había sido absuelto: voy a dedicarme al negocio de la importación de insulina, dijo. Su esposa había muerto en vida por una sobredosis de insulina.


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