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Opinión

Carlos Meléndez,Persiana Americana
La popularidad presidencial este cuarto año de gobierno se ha hecho más sensible a la política de seguridad ciudadana. Según Ipsos, entre junio y agosto, la aprobación del presidente Humala había escalado de 21% a 29% gracias a un mensaje presidencial persuasivo y un cambio de actitud en el gabinete ministerial, como sostenía en columnas previas. La inclusión de Daniel Urresti en el despacho del Interior tuvo un efecto positivo en dicho incremento de la aprobación.

Urresti logró ser el ministro más popular del gobierno de Humala (42% el mes pasado) por su protagonismo mediático, lo que generó la percepción de un cambio de timón en la lucha contra la delincuencia. “No soluciona el problema, pero entretiene”, sostuve en su momento. El asunto es que los mismos factores que generaron su espaldarazo hoy pueden sabotearle.

Que cualquier política estatal dependa de su tratamiento mediático es muy riesgoso. Porque si la estrategia de comunicación (formal o informal) falla, la imagen virtuosa de la gestión se descalabra fácilmente. Ello es visible este último mes con la aprobación de Urresti, que ha caído a 36%. Las contradicciones del ministro del Interior respecto a la droga mezclada con yeso en Barranca y sobre el reporte de las cifras de inseguridad han sido visibilizadas por la excesiva exposición pública del ministro.

Así, el figuretismo que sirvió para reenganchar con una ciudadanía que requiere un hombre fuerte en Interior puede convertirse rápidamente en un defecto que perturba a la propia aprobación presidencial, la cual ha caído nuevamente al 25%. Así las críticas de la oposición han sido certeras porque, efectivamente, el gobierno carece de una reforma en la materia. Si la tuviera, no dependería de “percepciones”.


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