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Opinión

La “bocanada de aire fresco” suele terminar por incendiar la cocina con un angustioso llamado a los bomberos que, faltaba más, siempre terminan siendo…¡políticos!

Ricardo Vásquez Kunze,Desayuno con diamantes
No se habían puesto el velo de novia ni los zapatitos blancos cuando ya estaban de viudas del cocinero más famoso del país. Es decir, se les murió el marido antes de dar el sí ante el altar de la política donde, esta semana, Gastón Acurio les calentó la sartén para después dejarlas chamuscadas. La pretendida candidatura presidencial del cocinero no duró así ni 24 horas, suficientes como para saber la orfandad política no de Gastón, obviamente, sino de todos aquellos “líderes de opinión” que se quedaron haciendo cola y con el sí en la boca.

El argumento ya lo conocemos todos pues lo hemos vivido estos últimos 20 años. La política y sus políticos apestan. No nos sentimos representados. A la olla con todos ellos. Entonces, hay que abrir la cocina para que entre una bocanada de aire fresco y…Voila: ¡Sálvanos Gastón! Lo que la gente común y corriente suele olvidar y que quienes tienen alguna responsabilidad en formar opinión pública no deberían hacerlo nunca es que la “bocanada de aire fresco” suele terminar por incendiar la cocina con un angustioso llamado a los bomberos que, faltaba más, siempre terminan siendo…¡ los políticos!

La última brisa de ese tipo que unió casi a los mismos que hoy claman por Gastón fue la elección de la alcaldesa (“mitad liberal y mitad socialista”) de Lima, Susana Villarán. De esto no han pasado 3 años. Como políticamente no la conocía nadie al momento de postular, digo nadie en términos electorales, la señora era tan prístina como Gastón en la “novedad” y, por lo tanto, para millones de votantes representaba lo mismo que el cocinero hoy: “Una bocanada de aire fresco”.

Honrada, buena onda, “progresista”, simpática, ecológica, la tía de la chalina verde fue avalada por un sector muy importante de colegas y líderes de opinión y, finalmente, encumbrada por el sufragio a la comuna de la Plaza Mayor. En el camino se quedó la eterna política tradicional, encarnada por Lourdes Flores.
No necesito decir cuál es el corolario de esta historia medible en términos electorales: una revocatoria en la que el mismo pueblo que la aclamó le voló a casi todos sus regidores y una elección complementaria que perdió un año antes de culminar su período, quedando penúltimos sus aliados, porque ella ya ni partido tenía. Quienes fungieron de bomberos para que la alcaldesa no terminara como chicharrón fue, como no podía ser de otra manera, un partido y una política tradicional. Sí, esos a los que la población detesta.

Y lo mismo sucede con los “Gastones” del Congreso. Es decir, cada 5 años, el parlamento se renueva casi por completo. Son muy pocos los reelegidos y siempre políticos tradicionales que, dicho sea de paso, son los que hacen funcionar el Congreso. Por el contrario, la mayoría de parlamentarios electos son “la bocanada de aire fresco” que reemplaza a la anterior “bocanada de aire fresco”, y así estamos de bocanada en bocanada y no entendemos todavía que esa es, precisamente, la ruina de la política de la que la mayoría se queja.

Porque, seamos sinceros, ¿de dónde salen todos esos engendros a los que nadie conoce por sus nombres y sí por sus alias, sino de la “bocanada de aire freso”? ¿Y cuánto ha aportado la “bocanada de aire fresco” de voleibolistas, bataclanas, actrices, empresarios y animadores de televisión a la excelencia de la política peruana? ¿No todos esos eran, al igual que el cocinero, exitosos en el deporte, las porras, los negocios y los micrófonos por los que salieron electos?

En buena hora que Gastón no se haya querido casar con éstos. Un político en la cocina sería igual que un cocinero en la política. Es la mejor receta para un matrimonio fracasado; en la cocina y en la política.


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