23.ABR Martes, 2024
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Opinión

Los recientes acontecimientos ocurridos con relación a la ley de empleo juvenil y el conflicto en Pichanaki desnudan a un gobierno absolutamente reactivo, que solo actúa cuando los acontecimientos ya lo rebasaron. La actuación cuando la situación ya llegó a extremos es muy parecida a la del bombero enfrentando un incendio: tiene que usar elementos en esencia destructivos, como el agua o el hacha, para evitar la propagación del fuego. Resulta evidente, por ejemplo, que, en los casos mencionados, podemos encontrar la semilla de dos actos destructivos del gobierno: la paralización de la inversión y el aumento del salario mínimo. El accionar reactivo conspira contra los propios objetivos del gobierno, que dice querer reactivar la economía reanimando la confianza de empresarios y consumidores; peor aún, agobiado en la tarea de apagar incendios, abandona el timón y deja al país a la deriva sin reparar en que es precisamente tal manera de “gobernar” la que generará el siguiente incendio.

Pondré un ejemplo pequeño, pero revelador de lo que significa no estar atento al timón.

El Perú es un país muy abierto al comercio mundial. Ello ha traído enormes ventajas a la economía: una industria cada vez más competitiva y diversificada y precios bajos en innumerables productos que han favorecido a la economía popular y el surgimiento de una importante clase media.

Pero existen cuatro productos agrícolas cuya producción queremos proteger de las fluctuaciones en el mercado internacional. Estos son maíz, arroz, azúcar y leche. Estos productos tienen arancel cero, pero se benefician de un sistema de protección que usa el promedio de los precios del mercado mundial de los últimos cinco años para establecer un piso por debajo del cual se grava la importación de estos productos con el equivalente a un arancel adicional.

Los precios actuales de estos cuatro productos son similares a los que existían en el 2010, en que la mencionada fórmula de protección dictaba que se siga importando con arancel cero o muy cercano a cero. Pero, debido a las anomalías ocurridas en el mercado internacional en los últimos cinco años, la formulita hoy sobreprotege al maíz con un arancel 42%, a los lácteos con 34%, al arroz con 28% y al azúcar con 59%. Los productores vivían tranquilos en el 2010 con los precios internacionales, pero hoy el gobierno se olvidó de usar una fórmula más racional y en su desidia le quita unos 4,000 millones de soles a los consumidores. Solo en el caso del maíz, el alimento básico para aves, el “olvido” de las autoridades castiga al consumidor con un sol por cada kilo de pollo que consume, aproximadamente un total de 1,260 millones de soles.


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