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Opinión

Embajador

En la conferencia de prensa de Belaunde Lossio en Bolivia su abogado dijo, sibilinamente, que el prófugo tiene “una alta potencialidad política”. ¿Aludía acaso al carácter explosivo de las informaciones que guarda como su mejor garantía? ¿Es un misil dirigido a Lima, Caracas y La Paz? El disparo vino después de presentarlo como un samaritano que brindaba “aporte social a comunidades”. ¡Qué desparpajo!

El juego está abierto. Quieren provocar reacciones que muestren la politización del caso en el Perú, que seguirá investigando los presuntos delitos de MBL. Pero ninguno de estos comprende su eficaz colaboración en canalizar fondos supuestamente chavistas para campañas electorales. Si fuera así, es obvio que los donantes estarían tan complicados como los beneficiarios. Y si Bolivia está gobernada por el discípulo predilecto de Hugo Chávez, no sorprende que hayan escogido ese destino que resguardaría a los benefactores, además de protegerlo a él. Aspira a los mismos privilegios que blindan a un terrorista del MRTA, asesor influyente de Evo Morales, que nunca aceptó extraditarlo al Perú. Audaz movida la del “samaritano perseguido” y de quienes tienen intereses confluyentes: colocarse bajo el manto de la ACNUR y de acuerdos internacionales vinculantes para Perú y Bolivia. Es irrelevante si entró ilegalmente (los prófugos evitan controles migratorios), y en qué fecha. Sin embargo, en un impresionante galimatías, Evo Morales otorgó carácter determinante a estos hechos. Pero la posición boliviana fue aclarada después por el vicepresidente García Linera: los procedimientos establecidos en los acuerdos internacionales sobre refugio serán respetados. Lo importante ahora es investigar por qué no lo encontraron aquí durante los siete meses que lo “buscaron” (¿?).

Hacen gracia sus loas a la justicia de Bolivia y al “respeto que tiene este país por los tratados internacionales”. Hay cierta cizaña en esta discutible afirmación, y mal haría nuestro gobierno en seguir el juego del prófugo. No debe olvidarse que Evo es el enemigo número uno de la Alianza del Pacífico, que el ALBA quiere quebrar por todos los medios.

Pretende también que apoyemos su demanda contra Chile en La Haya, aunque Santiago haya cuestionado la competencia de la Corte.

Debe tenerse muy presente que, por ser un asunto de Estado, la política exterior es ajena a cualquier negociación vinculada a intereses oscuros de los políticos y los personajes de su entorno.


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