16.JUL Martes, 2024
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

Estamos ad portas de un fallo histórico y trascendente: el de La Haya. Tan importante como el resultado de un trabajo fino y contundente que comenzó con la oficialización de la demanda en el gobierno anterior y continuó, con el mismo equipo, en esta administración, en la que será la ejecución del mismo.

Mónica Delta,Opina.21
Para lo que pasará después del 27 de enero es indispensable estar a la altura. Es por esta razón que la propuesta del embanderamiento nacional hecha por el expresidente Alan García puede ser patriótica, pero no oportuna. Ninguna exacerbación es buena porque toca fibras emocionales que podrían provocar reacciones poco razonadas. El entusiasmo del expresidente obedece a la consecuencia de una decisión riesgosa, pero certera, que tomó en su momento. Sin embargo, es nuestra obligación pedirle prudencia ante la proximidad de la fecha.

El presidente Ollanta Humala ha hecho lo correcto al convocar a los directores de Prensa para explicarles la dimensión de lo que será un gran acontecimiento nacional. Esperamos que él predique con el ejemplo. De esta manera, el Perú cierra por completo toda diferencia con el último y más complejo de sus vecinos: Chile. Lo hace a través de una instancia internacional prestigiosa e independiente, de manera impecable y categórica. El fallo de la Corte Internacional de La Haya es obligatorio e inapelable. Eso también lo sabe el país del sur.

Humala y Piñera hablarán luego de conocerse la decisión del tribunal. Lo deben hacer de manera que ninguno de los dos aparezca contestando al otro. La reflexión tras el fallo debe comandar toda acción. Ni el triunfalismo ni la beligerancia pueden ser parte de ningún acto político ni de los medios. Tampoco de la ciudadanía. Si es un acto de reivindicación para el Perú, el tiempo y el entendimiento real del pronunciamiento lo dirá. Como periodistas debemos comprometernos con lo superior de esta hora sin caer en el inmediatismo.

Se trata de una exigencia de verdadero patriotismo. Estar unidos y serenos.


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