13.JUL Sábado, 2024
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Opinión

“Conocimos, así, a Celedonia Álvarez, que vio morir a dos de sus hijos, Ana María, de 23 años y Misael, de 11 años; y a su nieto Piero, de 3 años”.

Con un grupo de amigos de colegio discutíamos por el e mail de un compañero que vive cerca de Chosica. El correo nos conminaba a hacer “algo”. En medio de cierto escepticismo, decidimos intentar una colecta con otros compañeros. La idea era además motivar a las familias y convertirlo en una oportunidad para ayudar.

La recolección empezó tenuemente, pero con el uso de Facebook y WhatsApp, desplegamos ánimo y organización. A los cinco días teníamos ya dos puntos de acopio, uno en Miraflores y otro en Surco, y comenzaron además a sumarse quienes viven en el extranjero.

El siguiente paso fue identificar puntualmente a los receptores. Hicimos dos cosas. Primero, un sobrino de nuestro compañero que vive en la zona nos proveyó un listado de damnificados seriamente afectados. Segundo, estuvimos el Jueves Santo en Chosica, para conocer a esos damnificados.

Conocimos, así, personalmente, a Celedonia Álvarez Luque, de 43 años, que vio morir a dos de sus hijos: Ana María, de 23 años y Misael, de 11 años; y a su nieto Piero, de solo 3 años. La encontramos sobre unas piedras. Su historia es simple: “El huaico vino y los tapó. No tengo nada”. Increíblemente, autoridades de la más alta investidura habían estado con ella para tomarse fotos, nada más. Le preguntamos qué era lo que podía necesitar y dijo: “una refrigeradora para guardar la comida”. Conocimos también a Carmen, cuya casa quedó cubierta de lodo; una olla común, “Trinchera 2”; y a unas monjas que ayudan en Santa Eulalia, donde también hubo afectados.

El Viernes Santo, arrancamos cargando dos camionetas con ropa, víveres y una refrigeradora nueva. Llegamos a las 7 a.m. e hicimos la primera escala donde Celedonia. Creo que casi se desmaya de ver a un grupo de 10 locos sobre una tolva con la refrigeradora aún encajada. Nos llevó a una cuadra donde tiene un cuarto que usa como depósito para dormir. Conocimos a Raymundo, su esposo. Sus rostros serán difíciles de olvidar. Seguimos a “Trinchera 2”, pasamos por Carmen y terminamos donde las madrecitas. Cruzamos el oratorio y agradecimos a Dios por la oportunidad.

Estoy seguro de que todos recordamos a Hubert Lanssiers, quien nos educó en la fe y la solidaridad en nuestro querido colegio Recoleta. Pensará que algo bueno inculcó en nosotros. Dos camionetas de ropa y víveres y una refrigeradora noes mucho, pero sí lo fue para quienes lo recibieron; porque sobre todo recibieron esperanza. Fue una experiencia inolvidable. ¡Feliz Sábado de Gloria!


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