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Y en esta guerra del pisco, un periodista chileno que vive en Perú dice esto: "Yo reivindico la piscola"

El pisco peruano es mucho más suave, no es una penitencia tomarlo solo. La piscola es lo que para los peruanos es la chela.

Y en esta guerra del pisco, un periodista chileno que vive en Perú dice esto: "Yo reivindico la piscola". (USI)
Y en esta guerra del pisco, un periodista chileno que vive en Perú dice esto: "Yo reivindico la piscola". (USI)
Esteban Acuña

Esteban Acuña

@estebanbigotes

El Perú tiene una gastronomía exquisita, pero no la cambiaría por un plato cocinado por mi viejo. Lo mismo ocurre con el pisco peruano: no hay duda de su calidad, de su sabor, de su aroma y, sin embargo, no lo cambiaría por una piscola. La piscola es lo que para los peruanos es la chela. Nunca faltó en la mesa los fines de semana, y cada vez que viajo a Chile, traigo, al menos, dos botellas escondidas en mi bolso.

Es el destilado que más se consume en mi país (2,1 litros per cápita al año), según la Asociación Nacional de Productores de Pisco de Chile. En fechas importantes, reuniones familiares, cumpleaños, aniversarios, mi viejo siempre preparaba pisco sour (debo decirlo, le quedaba delicioso, pero me quedo con una ‘Catedral’ del Bolivar) y todos brindábamos con una copa en la mano. Le puede gustar o no, pero es un hecho que el pisco forma parte de la historia de muchas familias chilenas.

Cuando vi el video de Carlos Galdós escupiendo el pisco chileno, pensé “es un huevón, lo tiene que combinar con Coca-Cola”. No recuerdo haber tomado nunca pisco chileno puro. De hecho, decimos que ‘está muy cabezón’ cuando servimos demasiado pisco y poca gaseosa. Cuesta pasarlo solo, es cierto. Hoy, en los bares, se sirve comúnmente 50:50. Algunos podrían considerarlo muy fuerte.

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El pisco peruano es mucho más suave, no es una penitencia tomarlo solo. Por eso no resulta ilógico pensar que, justamente, lo combinamos con Coca-Cola —ni con Pepsi, ni con Zero— para que quede más dulce. Si el pisco peruano lo combinas con Coca-Cola, lo matas. Pero si lo combinas con una gaseosa blanca —Evervest, Ginger Ale o Schweppes— queda buenísimo. Según mi experiencia y consultando a amigos peruanos en Lima, se consume más chilcano que pisco peruano puro, por lo menos en Lima. Nunca he visto a un limeño tomando puro, y el que lo hizo, una vez, tomó demasiado y lo terminó arrojando.

En Chile, lo piscos más comerciales son Capel, Ruta Norte, Artesanos del Cochiguaz. Recuerdo especialmente uno que me encantaba más por su nombre, se llama Mal Paso. También me acuerdo de Alto del Carmen y Mistral, que son los piscos que tomas cuando ya no eres un chibolo. Sin duda, hay muchos más y mejores, pero mi experiencia fue bastante limitada en ese sentido, debo reconocerlo. De todas maneras, creo que lo más común es encontrarse en la mesa con alguno de estos que he mencionado.

El Capel es uno de los más económicos y a nadie se le ocurriría tomarlo puro (te deja, de una u otra forma, una resaca horrorosa). Lo paradójico es que es uno de los piscos chilenos más exportados a nivel mundial. La marca, de hecho, está intentando cambiar su imagen porque, según el gerente general de la cooperativa, la gente ha ido cambiando sus gustos y perciben la calidad como algo más suave. Supongo que el pisco peruano ha influenciado en ese sentido. La gastronomía peruana, en general, ha modificado el paladar de los chilenos. Es un hecho, y lo confirman la cantidad de restaurantes de comida peruana que existen actualmente en Santiago.

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Ayer le pregunté a mi madre —chilena ella— si se había enterado de la polémica con Perú por el pisco y me contestó “¿qué polémica?”. El tema, en Chile, ocupó algunas páginas en el diario y no se supo más. Al chileno común le importa mucho menos si el pisco es chileno que al peruano si el pisco peruano. Me atrevo a decir que en Chile se entiende que esta discusión tiene mucho más que ver con una cuestión comercial que con el orgullo nacional. Prueba de ello es que hace desde 20 años decenas de marcas de pisco peruano se venden en Chile bajo el nombre de ‘aguardiente de uva’. Hasta ahora, nadie se había escandalizado por eso.

A mí me parece una tontería que el concurso mundial de Bruselas que se realiza en Chile haya prohibido al Perú inscribirse bajo su denominación de origen. Eso, para que no quepa duda, se llama ‘jugada comercial’, de la misma clase que permitió, en 1936, llamar Pisco Elqui a un pueblito llamado La Unión. Pisco queda en el Perú. Pero si es tan importante para los peruanos, me parece mucho más impropio que 18 empresas peruanas lo hayan aceptado. Somos países que tenemos problemas en común, y mejor sería que los enfrentáramos unidos en vez de pasarnos la vida comparando. Nadie privará al Perú de producir el mejor pisco del mundo. Pero yo me quedo con mi piscola.

Nota del editor: Esteban Acuña es periodista de Perú21. Es chileno, vive en el Perú, ama la piscola y este testimonio fue a pedido de nosotros, los peruanos de la redacción web, que teníamos curiosidad sobre qué pensaba de la polémica.

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