09.FEB Jueves, 2023
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Opinión

Siguen señalando cada vez que se les inquiere de algo, que les dejaron un desastre, que no conocían la magnitud del mismo y que hay que rehacer todo de nuevo.

Mauricio Mulder,Pido la palabra
El informe propalado por el programa Panorama, que demuestra que el actual gobierno sigue aplicando el DU 004-2009 para la reconstrucción de los principales colegios de la República, es el bofetón más sonoro que han recibido los atrabiliarios integrantes de la mayoría oficialista en la llamada Megacomisión, y los deja en el más ostensible de los ridículos. Desesperados en su pretensión de acusar a cómo dé lugar al expresidente Alan García de lo que irresponsablemente llaman “infracción constitucional”, terminaron evidenciando que su verdadero fin es impedir la no proclamada candidatura presidencial del aprismo. Y para ello decidieron acusarlo constitucionalmente nada menos que por la promulgación de ese decreto, que es el que permitió que antes que haya otro terremoto, los grandes colegios construidos hace más de 60 años sean reforzados estructuralmente.

Está claro que la política de echar barro al oponente y de judicializar el debate, que siempre ha sido considerada como una de las grandes taras de la historia del Perú, no ha cedido un ápice tratándose de bisoños políticos que, lejos de mostrar trayectoria de vida, evidencian más bien que se encuentran ocupando un escaño solo por favores dados y recibidos. Jóvenes que se llenan la boca contra la “clase política” y que dicen que su presencia es garantía de renovación traen los mismos defectos vergonzantes del pasado, solo que corregidos y aumentados.

Y claro, la realidad termina reventándoles en la cara, porque el gobierno al que representan en su regalado escaño, les demuestra que cuando se trata de gobernar, cuando se trata de tomar decisiones para que los niños de los colegios estatales más grandes no sigan en pocilgas descuidadas y abandonadas 60 años, no hay mejor solución que aplicar soluciones con urgencia. Esperar a las calendas griegas de la burocracia que más sabotea que otra cosa, es dejarlos otros 60 años en abandono y en peligro escolar. Fácil es venir de una vida muelle y ajena a los compromisos sociales, sin conocer los dolores del pueblo, sin haber hecho nada por la democracia y por la justicia social y levantar deditos acusadores sin siquiera disfrazar sus odios políticos.

Pero no solo jóvenes, sino viejos que chochean con sus nietos, pero a los que la vida no les ha enseñado nada, siguen pregonando la política de culpar de todo al gobierno anterior. Plañideras que pasados 14 meses del actual gobierno, siguen señalando cada vez que se les inquiere de algo, que les dejaron un desastre, que no conocían la magnitud del mismo y que hay que rehacer todo de nuevo. El eterno complejo adánico que padece el Perú pero que los que se llenaban la boca con la gran transformación practican a su regalado gusto. Ahí está el espectacular Instituto del Niño en la Av. Javier Prado y no hay cuándo se ponga al servicio del pueblo. Dicen que los médicos se oponen. No lo creo. Un médico es un ser humano superior que en cualquier condición brinda su ciencia al servicio otro. No es un mezquino que dice: “si quieren que cure, póngame aire acondicionado en mi oficina”. Esos médicos que le buscan tres pies al gato a todo, solo demuestran estar fanatizados en su ideología comunista que dogmáticamente los lleva a la máxima de jamás reconocer virtud alguna en el enemigo. No pueden ser mayoritarios ni imponer su criterio. Es hora de que los gobiernos demuestren grandeza de espíritu y sepan que las obras no le pertenecen ni al que pone la primera piedra ni al que puso la última, sino al pueblo. Y eso es suficiente.


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