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Opinión

Mónica Delta,Opina.21
Recién puedo escribirte. Ese marzo del 2011, en el que planeaba la gran celebración de verte con vida pese a tu terrible enfermedad, de haber vuelto al Perú, de sentir cuánto te queremos, cuánto te debemos, decidiste partir. Habías logrado, con esa fortaleza y determinación, que estemos todos juntos. No podías hablar, no podías moverte, pero la intensidad de tu mirada nos decía todo. Y ahí estuvimos los cinco inseparables hermanos. Ese 26 de marzo fue uno de los momentos más sublimes que hemos podido experimentar, cuando el cuerpo yace y el espíritu se eleva. Es la consumación de la tarea cumplida. Te fuiste con el peso de la liviandad del alma, pero nos dejaste con el significado gravitante de lo que es nuestra familia. Y eso es a lo que quiero rendir homenaje a pocos días de otro segundo domingo de mayo. La vida te puso infinidad de pruebas. Tú las pasaste todas, y con creces. Como todo ser humano, no fuiste perfecta, pero tu bondad, generosidad y entrega nos enseñó para siempre. Intenté escribir sobre ti en los años precedentes, pero me fue imposible. Las lágrimas derramadas me impidieron acertar en las letras del teclado. A ti te debo todo. Cuando estuve en las buenas, me recordabas que la arrogancia era solo para los estúpidos. Cuando estaba en las malas, eras la primera en la que podía apoyarme, sin preguntas ni explicaciones. Tu sabiduría no era académica. Era la sabiduría de la gente buena. ¿Y sabes? Es siempre la más certera. La sola invocación de tu nombre nos da tranquilidad y los recuerdos vividos nos dan la resignación desde tu partida. Tú decidiste, desde que te quedaste viuda, tan joven, tan bonita, entregarte a nosotros. Eso te convirtió en el roble protector de nuestra “tribu”. Aprendimos de ti sin siquiera darnos cuenta. Tu sonrisa y tus abrazos nos cobijaron siempre. Tu ferocidad al defendernos nos mantuvo siempre a salvo. Hoy quería decirte que te seguimos extrañando y que cada día del resto de nuestras vidas seguirás siendo el faro de luz que nos ilumine el camino, por los siglos de los siglos. ¡Gracias, Teresa!

PD. Amigos lectores, gracias por permitirme hablar hoy sobre mi madre. Es algo que quise hacer hace mucho tiempo. Abracen a las suyas y díganles, en vida, cuánto las quieren.

Washington, mayo 2014.


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