24.JUL Miércoles, 2024
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Opinión

Ha surgido en el Perú un debate sobre el liderazgo que un grupo periodístico, El Comercio, ejerce, gracias a la decisión libre de sus lectores, en el campo de la prensa escrita.

Jaime Bayly,Un hombre en la luna
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Ha surgido en el Perú un debate sobre el liderazgo que un grupo periodístico, El Comercio, ejerce, gracias a la decisión libre de sus lectores, en el campo de la prensa escrita. El presidente Humala ha dicho que es muy grave que el grupo El Comercio venda tantos periódicos y tenga planes de vender más periódicos en provincias y ha insinuado que debe dictarse una ley que impida que El Comercio venda tantos periódicos, superando ampliamente a sus competidores. El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ha dicho que está preocupado porque el grupo El Comercio (que apoyó la candidatura de Keiko Fujimori en las elecciones presidenciales de 2011, contrariando a Vargas Llosa, que prefirió apoyar al candidato Humala) ha comprado, lícita y legalmente, sin violentar la voluntad de nadie, unos periódicos populares (uno sensacionalista, uno deportivo, otros de fuerte arraigo en provincias, ninguno capaz de tumbarse a un ministro) que le permitirán expandirse, vender más diarios y ganar lectores, siempre, claro está, que esos lectores elijan, sin que nadie los obligue a ello, comprar y leer los periódicos que imprime el grupo El Comercio.

¿Por qué está alarmado el presidente Humala? ¿Por qué está tan preocupado el ilustre escritor? No se entiende bien. Ambos sugieren que la libertad de expresión ha sido amenazada por el grupo El Comercio al comprar unos periódicos menores que estaban en venta y que otro grupo competidor, La República, no pudo comprar. ¿Es cierto que la expansión del grupo El Comercio en el campo de la prensa escrita amenaza la libertad en el Perú? No, no lo es. Lo que está ocurriendo es lo que debe ocurrir en una sociedad libre: como en el Perú hay plena libertad de prensa y abundante oferta de periódicos, los lectores eligen libremente qué comprar y qué leer. El grupo periodístico que más periódicos vende es El Comercio (Trome: 600 mil, El Comercio: 300 mil, Perú21: 100 mil) gracias a que sabe responder a las demandas y expectativas del público lector. Esos lectores, un millón de personas que cada mañana elijen informarse comprando una publicación del grupo El Comercio, podrían, por supuesto, comprar otros diarios: La República, La Primera, Diario16, El Peruano, El Popular, La Razón y muchos otros, pero renuevan su fidelidad con los medios de El Comercio en irrestricto ejercicio de la libertad individual de cada lector. Resulta entonces que el grupo El Comercio ha crecido y afianzado su liderazgo gracias a que ha servido más eficazmente al mercado que sus competidores. El grupo crece porque crecen sus lectores y sus lectores crecen porque consideran que se informan mejor leyendo un diario de El Comercio que otros diarios.

¿Por qué el presidente Humala está enojado con El Comercio y sugiere que algún juez asustadizo debería dictar leyes para recortar el tamaño empresarial de ese grupo periodístico? ¿Porque El Comercio amenaza la libertad de expresión? No, claro que no. ¿Porque El Comercio está en contra del gobierno? No, curiosamente no: después de una campaña aguerrida para impedir que Humala llegase al poder porque había la legítima desconfianza de que implantaría un modelo estatista y autoritario calcado del chavista, El Comercio se entendió con el gobierno electo y, en general, fue bastante cordial con el presidente estos primeros años de su gobierno. Una muestra de que El Comercio quería entenderse cordialmente con el presidente ocurrió aun antes de que Humala jurase el cargo en julio: ya en junio, el grupo me despidió de su canal de televisión para silenciar una voz crítica. El argumento fue simple: Humala ya ganó, tenemos que llevarnos bien con él, tienes que desaparecer de la pantalla, punto. Y así fue: como había ocurrido en 1985 cuando Alan García me hizo desaparecer de la televisión en represalia por una pregunta incómoda, los dueños del grupo El Comercio no tuvieron reparos en despedirme de modo fulminante, pues lo que querían entonces era “concentrarse”, como se dice ahora. Pero ¿querían “concentrarse” contra Humala? No, no, qué ocurrencia: querían “concentrarse” con Humala. En efecto, los primeros años de este gobierno algunos periódicos muy leídos del grupo (pienso en Trome) fueron más bien amigables, por no decir franeleros, con “la pareja presidencial”, a la que rendían toda clase de loas y alabanzas, al tiempo que vapuleaban a tres ex presidentes caídos en desgracia: Toledo, García y Fujimori.

Si bien es cierto, entonces, que El Comercio y Perú21 se pronunciaron editorialmente contra la candidatura de Humala en las elecciones de 2011, y que el principal canal de televisión del grupo, el 4, quiso contrapesar la opinión periodística que en él se emitía solapadamente a favor de Humala (Palacios, Tola, Puertas, entre los más conspicuos) contratándome para que yo expresara unas opiniones críticas a Humala (lo que, en la práctica, resultó siendo un delicado ejercicio de equilibrio, pues los domingos por la noche difundían un programa periodístico de dos horas a favor de Humala, Cuarto Poder, y enseguida propalaban un programa de hora y media en contra de Humala que yo hacía desde Miami), una vez que ganó Humala y subió al poder, el grupo El Comercio no dudó en respaldar patrióticamente a su gobierno, dando inicio a una por momentos fogosa luna de miel que duró dos largos años.

Pero las alianzas políticas, bien se sabe, no duran toda la vida. Ahora El Comercio y el presidente están enemistados. ¿Por qué están peleados, por qué Humala se siente amenazado por El Comercio y conspira con sus apandillados para poner trabas y zancadillas a ese grupo periodístico? Por una razón bien simple: porque la influencia de Humala en la sociedad peruana ha caído de manera inversamente proporcional a la de El Comercio, que, gracias a sus lectores y televidentes, ha crecido y sigue creciendo. El presidente Humala ha caído en desgracia por mediocre e intrigante, por favorecer tramposamente la candidatura ilegal de su esposa, por mandar veinte policías a custodiar la casa de un mafioso, por ese tipo de cosas, es decir, por actuar como un conspirador y no como un estadista. Debido a eso, la opinión pública le ha dado la espalda. Como consecuencia, el grupo El Comercio, que se debe a sus lectores, ha tomado prudente y saludable distancia del gobierno.

En cuanto a Vargas Llosa, que se supone que defiende la libertad de mercado, su oposición al grupo El Comercio se entiende menos como un ejercicio de la razón que como un exabrupto dictado por el rencor: no perdona a El Comercio que apoyara la candidatura presidencial de Keiko Fujimori y por eso se llevó airadamente su columna a las páginas de La República. En ese sentido, la agenda política de Vargas Llosa en el Perú no parece ser una defensa de los valores liberales sino una defensa cerrada de que Fujimori muera en la cárcel y su hija no llegue al poder. No es razonable. Si el Perú dio una inmerecida segunda oportunidad a Alan García en 2006, ¿por qué los fujimoristas, liderados por Keiko, no merecerían una segunda oportunidad para aprender de los errores del pasado?

Si alguien amenaza ahora mismo la libertad de prensa en el Perú, es el gobierno, con su tufillo de cuartel y sus “ahoritas” inquietantes, matonescos. Estos primeros años del gobierno de Humala, la televisión ha estado casi enteramente de rodillas, a su servicio, a cambio de la generosa publicidad estatal. Si alguna “concentración” ha habido en la televisión, ha sido a favor de Humala, no en contra de su gobierno. En cuanto a la prensa escrita, ha ocurrido algo parecido a lo que ocurrió en la Argentina entre los Kirchner y el grupo Clarín: al comienzo fueron aliados pero luego se enemistaron y entonces, en represalia, los Kirchner no han cesado de conspirar de todas las formas posibles para socavar la consistencia empresarial del grupo Clarín. Del mismo modo, el cordial entendimiento entre Humala y El Comercio parece haber llegado a su fin y ahora el presidente Humala, militar al fin y al cabo, chavista de la vieja escuela que tuvo que camuflar sus convicciones para llegar al poder, admirador de las reformas que el dictador Velasco hizo para “desconcentrar” a los propietarios de la prensa escrita en el Perú, amenaza con urdir unas leyes amañadas que no tengan otro propósito que el de envenenar la buena marcha del grupo El Comercio. Así como los Kirchner, rencorosos, no han podido derrotar a Clarín, dudo mucho que Humala y Vargas Llosa puedan doblegar y someter a El Comercio. Lo que sí podrían hacer, dada la animadversión que los une contra ese grupo, es fundar un periódico, plata no les va a faltar. El presidente Humala ya tiene experiencia en el campo periodístico como editor en la sombra del pasquín antidemocrático “Ollanta”, un nombre que, me imagino, le pertenece en el dominio de la propiedad intelectual.


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