13.JUL Sábado, 2024
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

Despejemos algunos conceptos errados que se divulgan en la prensa desde que Wikileaks filtró un documento en negociación, que, como tal, no es el documento definitivo, y que aún no ha sido oleado ni sacramentado por ninguno de los doce socios del potencial acuerdo. Haremos algo de historia: poco antes de la reunión de APEC del 2008 en Lima, el gobierno de Chile invita a Perú a ser parte del P4, entonces formado por Chile, Brunéi, Singapur y Nueva Zelanda: cada uno de los países invitó a un socio más, incluyendo esta vez a EE.UU., con el que ya habíamos cerrado el acuerdo. En ese momento, las negociaciones de la OMC estaban paralizadas por los temas agrícolas, de servicios, entre otros: en APEC se hablaba de la conformación de un Acuerdo de Libre Comercio del Asia Pacífico, o de capítulos modelo a los cuales podríamos ir adaptándonos. Perú, en ese entonces, bajo el liderazgo del Mincetur, a mi cargo, decidió tener una agresiva agenda comercial, iniciando negociaciones con China, Japón y Corea, y cerrábamos con Singapur. Hoy, como aquel entonces, sigo pensando que participar en un acuerdo de esta naturaleza es de suma importancia para el país, no solo porque hablamos de más del 50% del comercio y del flujo de inversiones mundiales, sino por la homologación de reglas entre los diferentes acuerdos, lo que nos permite estar en las mismas condiciones para entrar en los mercados con bienes, servicios y reglas más allá de las fronteras. Participar de este acuerdo no nos aísla de nuestro segundo socio comercial, China, con el que tenemos una excelente relación y un acuerdo estratégico de mucho valor, al cual se oponían los mismos que hoy se oponen al TPP argumentando que no debemos pelearnos con China. Todo lo contrario: el TPP, aun con sus dificultades, es un espacio que puede ser la simiente de un acuerdo Asia Pacífico, en el cual también tiene interés China. Si no participamos, nuestras ventajas en los acuerdos firmados con los países inmersos serían mermados con la nueva competencia sin las mismas reglas. Es, además, una forma de disminuir los impactos de la desviación comercial que existe al firmar los tratados y, finalmente, nos permite tener reglas homologadas que nos permiten competir de igual a igual con estas naciones y otras que se adhieran. Estoy segura de que los negociadores velan por los intereses nacionales, y por eso aún no se ha cerrado esta larga negociación y se debe tener una política productiva que apoye nuestro acceso a mercados, pero eso no significa que debemos dejar de persistir en el TPP.


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