18.JUN Martes, 2024
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

La historia está repleta de Quijotes, personas que luchan batallas intensas contra molinos de viento; léase peleas que no tienen sentido, basadas la gran mayoría en falacias o que, al final, no interesan porque la suma siempre será cero. Una batalla de esas es la que emprendió el nacionalismo en sus inicios contra el mercado y el crecimiento económico y que, ayer, el presidente Humala reeditó; aunque con un leve giro que, en el fondo, demuestra una evolución en su pensamiento que debemos rescatar.

En efecto, es común que la izquierda concluya que el crecimiento económico no necesariamente es positivo para todos; cierto es que para la derecha siempre es positivo, lo que es también discutible. Si de ciencia se trata, digamos que la evidencia se inclina hacia lo segundo: el crecimiento, salvo en las etapas muy iniciales de una reconstrucción (léase, Chile en 1975 o Perú en 1990), tiende a favorecer a todos e, incluso, en mayor medida a quienes menos tienen (el Perú de los últimos diez años, por ejemplo, tomando el coeficiente de GINI como métrica).

El presidente Humala sostuvo ayer que el crecimiento económico no resuelve por sí solo los problemas del país. Hasta ahí uno diría que nada cambia en la mente del mandatario, que los casi cuatro años de experiencia en Palacio no le han servido como demostración palpable del error.

Pero, a renglón seguido, el presidente añadió: “El problema de fondo es la calidad del gasto público”, con lo cual no solo gira el eje del debate, sino que da en el blanco. Si de ponerse exquisito se trata, diríamos que el crecimiento económico por lo general resuelve los problemas de un país, pero que lo hace en mayor medida cuando la calidad del gasto ajusta el foco.

Dicho esto, habría que aprovechar para decirle al gobierno que, si bien la calidad del gasto es primordial, en estos momentos el problema es ¡que no gastan! Según las cifras del congresista Juan Carlos Eguren, en lo que va del año (tres meses) el gobierno central solo ha gastado el 11% del presupuesto de inversión, incluso por debajo de los gobiernos regionales y locales (14% en promedio). Así que ni calidad ni cantidad.

Juan José Garrido
director@peru21.com


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