13.JUL Sábado, 2024
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Opinión

Mónica Delta,Opina.21
Más allá de la manera de comunicar, lo que los peruanos esperan de su presidente son respuestas contundentes. Pero las que dio Ollanta Humala el último domingo fueron débiles e insuficientes. El mandatario quiso ser percibido ‘manejando las riendas’, pero sus gestos y palabras no convencieron. Es más, provocaron confusión al responder vaguedades. Perdió una gran oportunidad de contestar temas de fondo. Pese a ello, y sintiéndose el ‘goleador de la jornada’, hasta ‘guapeó’ por más preguntas. Lo cierto es que el efecto resultó opuesto a su intención, como en tantas otras ocasiones. Fue muy contradictorio, por ejemplo, que, al hablar de corrupción, haya sido categórico en la condena de un prófugo de la justicia como Martín Belaunde Lossio, para quien la justicia ha solicitado 18 meses de prisión preventiva. Sobre todo si es su amigo y le duele, como dijo. No se trata de pedirle a la prensa que piense en los familiares de los que tienen cuentas pendientes con el Poder Judicial porque son cercanos a la pareja presidencial. Más bien, como presidente, es su obligación mostrarse indignado por esa traición y exigirle que se ponga a derecho. Eso es lo que haría un líder. Los sentimientos de ciudadano común no pueden primar en la mirada de un estadista, aunque le sea doloroso. Tampoco un jefe de Estado puede ponerse de costado ante debates nacionales con la excusa de no intervenir para no orientar la decisión en otro poder del Estado. Es obvio que la ciudadanía quiere que un líder influya en los poderes del Estado para lograr “el bien común” y para zanjar discusiones. Para eso fue elegido, para gobernar, para influir y encaminar los temas controversiales, no para abstenerse. El gran problema que sigue teniendo el Perú es político, institucional y de liderazgo, no económico. Y usted, presidente, tiene todavía tremenda tarea pendiente. La de convencernos de que es capaz de colocarse por encima del ciudadano común y guiarnos. Debe mostrarnos que es el capitán del equipo nacional, que compite en las grandes ligas, no un jugador de ‘pichanguita’.


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