04.AGO Martes, 2020
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

Si hay un personaje que puede unificar criterios en el Perú es Manuel Burga. Encarna la viveza, la arrogancia, la ineficiencia y, por qué no, la corrupción en el fútbol peruano, que solo nos ha traído fracasos en los últimos 32 años. Sin embargo, si por obra y gracia del azar, la selección hubiese clasificado al Mundial, el ‘inefable’, por arte de magia, se hubiera convertido en un ‘héroe nacional’. No hubiese cambiado nada.

Esto evidencia que para los apasionados, cuya racionalidad es nula, es fácil caer en la manipulación, sin misericordia. Lo mismo ocurre con los políticos de pacotilla. Un ex socio, ex jefe de campaña de Ollanta Humala, como Martín Belaunde Lossio, vinculado a una de las redes mafiosas más grandes del Perú, cuyo cabecilla, Rodolfo Orellana, es otro prófugo con suerte, está feliz con el escándalo de la Federación Peruana de Fútbol. Donde quiera que esté escondido, sabe que la opinión pública estará distraída con ‘los Burga’ del fútbol nacional. Los representantes del gobierno jugarán en pared para que tengamos ‘harto circo futbolero’. Lo que pasa con el deporte de masas, lo que pasa con la corrupción nacional, lo que pasa con la falta de crecimiento con desarrollo en el Perú tienen el mismo origen. Mientras no haya liderazgo e institucionalidad, seguiremos siendo un país de ‘sobrevivientes’ sin coordenadas claras que nos conduzcan a superar nuestros objetivos nacionales. Se requieren decisión política, convicción y carácter para transformar un sistema obsoleto y carcomido por las mafias enquistadas en todos los niveles. Las palabras cambio, transformación, gesta han sido manoseadas hasta el cansancio por quienes deben dar la pauta y conducir nuestros destinos. Lo único que percibimos es que nadie se hace responsable de nada y estos pasan el tiempo con sus respectivos ‘perros de ataque’, despedazándose con insultos cacasenos. El problema está en quienes tienen la responsabilidad de llevarnos a un plano mejor y que nos mantienen con las piezas antiguas de un engranaje corroído por un sistema podrido.


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