20.FEB Martes, 2024
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Última actualización 08:39 pm
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Opinión

Recientemente vimos las interioridades del cerro San Cosme y, a través de ello, las entrañas más enfermas de nuestra sociedad: gente pobre, resentida, llena de odio y sin el mínimo control de sus impulsos; con niños viendo el delito como algo natural y asumiendo este como garantía de éxito o de supervivencia.

Carmen González,Opina.21
c.gonzalez@ceprovi.org

La degradación de estos espacios ya afectó a varias generaciones. Por eso, vimos en La Parada a tantos jóvenes vándalos.

La pérdida temprana de la inocencia tiene que ver no solo con la violencia que lo empapa todo, sino, también, con la esperanza de vida. Nacieron pequeños e inocentes. Hoy son jóvenes delincuentes, se hacen sicarios e incluso se matan entre ellos.

Me preocupan los más chiquitos. Con padres que los maltratan, conviven con el delito como medio de vida y con una sociedad indiferente. Aprenden conductas de ‘acción’ –como atacar y ser atacados– y esto les anula su capacidad de pensar antes de actuar. Aprenden desde niños a dar rienda suelta a sus impulsos cuando algo les disgusta.

Siento que les estamos robando su infancia y los recursos emocionales para enfrentar bien el mundo adulto. ¿Qué hacemos con tantos niños y púberes en riesgo de deshumanizarse? Estoy de acuerdo con lo que dijo el presidente Humala: “Educación y salud para salvar a las nuevas generaciones”… Pero rápido.


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