26.FEB Lunes, 2024
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

•Existe relación entre los impulsos primitivos de amor del niño de pocos años con la compulsión a robar del niño más grande y del adulto.

Carmen González,Opina.21
c.gonzalez@infonegocio.net.pe

Cuando un niño toma algo por placer no es ladrón; pero si roba manzanas y las regala sin disfrutar de ellas, hay compulsión y algo perturbado. Para Winnicott, hasta los 7 años no se le puede llamar ladrón a un niño.

• El ladrón no busca el objeto robado sino inconscientemente a una persona: a su propia madre. No disfruta con la posesión de lo robado. Detrás está la fantasía de recuperar a la madre que siente perdida. No porque no esté ni porque no sea amorosa, sino porque el vínculo estrecho que tenían fue cortado drásticamente –con la llegada de un hermano por ejemplo– causándole un vacío y desilusión intolerables. Puede sentir cariño hacia su madre e incluso estar enamorado de ella pero, en un sentido más primitivo, siente que la ha perdido.

•El que roba es un bebé que busca a la mamá, o a la persona a la que tiene derecho a robar; tal como cuando tenía uno o dos años de edad, que tomaba cosas de la madre simplemente porque sentía que tenía derechos sobre ella. El que roba necesita restablecer su relación con el mundo –la madre es el primer mundo del niño– que fue rota. Con lo robado reencuentra a la madre perdida en su fantasía.


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