17.JUL Miércoles, 2024
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Opinión

En una conferencia para madres de familia de una conocida empresa, hablé sobre la felicidad. Cuando llegó el momento de las preguntas, una de las participantes planteó que las personas ya no tenemos sueños, que nos criamos teniendo acceso a todo: objetos, servicios y apoyos para cada aspecto de la vida.

Roberto Lerner,Espacio de crianza
espaciodecrianza.educared.pe

En una conferencia para madres de familia de una conocida empresa, hablé sobre la felicidad. Cuando llegó el momento de las preguntas, una de las participantes planteó que las personas ya no tenemos sueños, que nos criamos teniendo acceso a todo: objetos, servicios y apoyos para cada aspecto de la vida. Luego de reflexionar sobre los millones de personas que en nuestro mundo no viven en esas condiciones, pasé a la pregunta propiamente dicha. En realidad tenemos demasiados sueños, ya sea al mismo tiempo o de manera secuencial. Sueños enlatados, mercadeados, que nos asaltan desde fuera y nos hacen creer que vienen de dentro, desligados de tradiciones y rituales, sin solución de continuidad entre unos y otros. Destino turístico, meta ponderal, objetivo corporal, cuenta bancaria, carro de tal marca, casa en tal barrio, promoción profesional, pareja sexual, pareja matrimonial, gadget tecnológico. Todo envuelto en canciones, imágenes y ofertas que se suceden y marean nuestro cerebro.Son sueños que vienen básicamente de fuera al ritmo de comerciales, consejos y postings facebuqueros. No los producimos nosotros, no provienen del ocio y sus fantasías, de los relatos de nuestros mayores ni de las raíces de nuestra cultura. Los tenemos a la mano listos para ingresar en el microondas y luego a nuestros organismos sin que hayamos tenido que cocinarlos.Quizá padres y maestros deberíamos propiciar de tanto en tanto ensoñaciones familiares, desconectadas de medios, expertos, redes sociales. Explorar en nuestro interior y compartir nuestro interior sin interferencia.


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