05.MAR Martes, 2024
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Opinión

Capitán Phillips es un buen film de suspenso, en el cual sus realizadores se han permitido ciertas licencias hollywoodenses sobre el caso del abordaje del barco de carga Maersk Alabam, en 2009, por parte de piratas somalíes, y el posterior secuestro de su capitán Richard Phillips.

Ariel Segal,Opina.21
arielsegal@hotmail.com

La película apenas permite contextualizar el problema de la piratería en las aguas cercanas al Cuerno de África, la zona noreste de ese continente. Hay ciertas referencias que hacen sus personajes principales como el líder de los secuestradores cuando le dice a Phillips que son pescadores y se dedican al secuestro de cargueros porque embarcaciones pesqueras de países desarrollados saquearon sus mares y ya no pudieron ejercer su actividad de subsistencia. Son breves las escenas que presentan a los piratas como víctimas de las amenazas de milicias en el Estado más fallido (caótico, sin presencia de un Estado funcional): Somalia.

Gracias al Tratado de Utrecht de 1713, potencias europeas acuerdan el derecho al libre comercio definiendo a los piratas como “enemigos de la humanidad”, por lo cual, podían enfrentarlos en todo lugar. Así, cada Estado deja de proteger a los filibusteros y corsarios –piratas con patentes de corso concedidos por monarcas– y se les persiguió como a criminales.

Los cargueros del mundo son víctimas de secuestradores que a su vez están secuestrados por mafiosos somalíes quienes apenas les pagan una ínfima suma de las enormes fortunas que hacen con la piratería a aquellos a quienes fuerzan a abordar a los cargueros.

Una pregunta relevante es: ¿No encaja la definición de piratas en quienes penetraron las aguas de un país y las llenaron de basura tóxica y radioactiva? La respuesta es obvia.


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