21.OCT Miércoles, 2020
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Opinión

El Nobel (Jajaja) de la Paz, también conocido como presidente Obama, anunció que dará mayor transparencia a los programas de espionaje.

Guillermo Giacosa,Opina.21
ggiacosa@peru21.com

Este anuncio, teniendo en cuenta la esencia del espionaje, es como hablar del descubrimiento del submarino a vela. Qué puede transparentarse en este sórdido juego de secretos, traiciones, golpes bajos, paranoia y mentira que es el espionaje. A una nueva estrategia para volver a descolocar a las víctimas de dicho espionaje. Transparentarlo fue aceptar que espiaban, explicar que hacerlo era imprescindible para combatir el terrorismo, y admitir que incluso los países amigos recibirían ese trato. Ese fue un acto de transparencia al que lo obligaron las revelaciones de Snowden y WikiLeaks. Transparencia obligada no es trasparencia, es simplemente –tratándose del cada vez menos creíble gobierno de EE.UU.– un gesto tan ridículo como aquel día en que en la ONU dijeron tener fotos que probaban que Irak tenía usinas móviles de armas tóxicas mientras un avergonzado Colin Powell exhibía absurdas imágenes de carromatos cuasi circenses. Cualquier revelación que pueda tomarse como cierta en cuanto a espionaje es una bofetada a la esencia de esta actividad y no quiere decir que no se realice, sino que se realizará de otro modo. Para Julian Assange, la declaración de Obama supone una victoria del exanalista de la CIA Snowden. En la realidad se trata de una zancadilla que desnuda una estrategia infantil y una validación del papel “de Snowden como denunciante” porque “sin sus revelaciones no conoceríamos los programas ni tendrían lugar las reformas”. El pueblo de USA debería estar agradecido a este ex-CIA refugiado en Rusia. Sin embargo, las cosas no serán mejores, solo serán distintas.


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