17.JUL Miércoles, 2024
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

El neoliberalismo procura constantemente desarticular lo público con resultados que entusiasman en el corto plazo e invitan al suicidio en plazos más extensos.

Guillermo Giacosa,Opina.21
ggiacosa@peru21.com

Lo que ocurre actualmente en los países de Europa y en los Estados Unidos no es, según puedo entender, una más de las crisis cíclicas del capitalismo. Se trata de una dramática constante que se repetirá en la medida en que sigamos degradando las prestaciones sociales y los derechos laborales, mientras permitimos que el capital privado sea siempre bienvenido aunque venga a industrializar la prostitución o a saquear, sin tomar las precauciones imprescindibles, los recursos no renovables. Su impunidad, casi absoluta en algunos países en connivencia con los gobiernos de turno, es la fuente donde abrevan los demonios que pretenden invadir el mundo. Por ello, cuesta creer que las evidencias de la no regulación pasen desapercibidas a espíritus generalmente perspicaces para pensar la realidad.

Es verdad entonces esa afirmación de la neurobiología que enseña que el cerebro guarda lo que le conviene y desecha lo que no. Es alarmante, además, que en temas vinculados al desarrollo no se priorice, en este orden, la defensa de la naturaleza y la inclusión social. Si no atendemos a la primera variable el futuro se vuelve borroso y hasta imposible. Si no ponemos atención en la segunda, el porvenir amenaza estar ahogado por interminables conflictos sociales detrás de los cuales, inevitable y fatídicamente asomarán dictaduras tan o más horribles que las ya vividas en la historia, y de las cuales ya tengo memoria aunque habiten el futuro.


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