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Opinión

Enciendo el televisor y me encuentro con un áspero debate entre dos congresistas en un noticiero matutino. Uno de los legisladores trata de convencernos de que sus colegas de bancada pueden donar los bienes decomisados por la Sunat como si fuesen regalos de su propio bolsillo.

Nano Guerra García,Opina.21
nano@somosempresa.com.pe

Enciendo el televisor y me encuentro con un áspero debate entre dos congresistas en un noticiero matutino. Uno de los legisladores trata de convencernos de que sus colegas de bancada pueden donar los bienes decomisados por la Sunat como si fuesen regalos de su propio bolsillo.

Luego viene una noticia sobre un policía que es captado, en video, exigiendo que se duplique el monto original de una coima.

Después, en el avance del mismo noticiero, se anuncia un informe sobre los ‘narcoindultos’ y, un poco más tarde, otro sobre un agente municipal falso, que cobraba a los comerciantes por emitir ‘licencias’.

Entonces reflexiono: ¿Qué tienen en común todos estos casos? Pues que el Estado-Gobierno está en el medio.

En todos estos casos, la corrupción se da por un aparato que tiene el poder para extorsionarnos o engañarnos, es decir, regalan lo que no producen o simplemente generan licencias, multas o indultos que otros aprovechan para lucrar ilícitamente.

La corrupción actual en el Perú se origina en su mayoría porque tenemos “autoridades” a las que les dimos el poder para darnos seguridad y orden, y se convirtieron en extorsionadores con nuestros propios recursos.

Este es el Estado-Gobierno inmoral que tenemos y que ha distorsionado completamente su función. Por tanto, debemos transformarlo radicalmente porque, si no, nuestra percepción de autoridad legítima se transformará en la de tiranía corrupta.


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