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Corea del Sur: Ser tatuador te puede llevar a la cárcel

Las leyes surcoreanas consideran a los tatuajes un procedimiento médico que solo pueden realizar los doctores titulados en clínicas y hospitales.

El 99% de los surcoreanos tatuados lo hizo en estudios ilegales. (EFE)
El 99% de los surcoreanos tatuados lo hizo en estudios ilegales. (EFE)

Continuas redadas, fuertes multas e incluso cárcel es lo que afrontan los profesionales del tatuaje en Corea del Sur, un país donde el arte de inyectar tinta en la piel es ilegal a pesar de que la moda crece cada año.

“Como es ilegal, no podemos poner un cartel en la puerta”, cuenta Kim Ki-bok, uno de los tatuadores más reconocidos en Seúl, a la entrada de su estudio camuflado en el cuarto piso de un viejo edificio del barrio de Hongdae.

Las leyes surcoreanas consideran a los tatuajes un procedimiento médico que solo pueden realizar los doctores titulados en clínicas y hospitales, algo que relega a la clandestinidad a los auténticos profesionales de este ámbito.

“Cada vez más ciudadanos se tatúan y el 99% lo hace en estudios ilegales, por lo que han surgido problemas como denuncias por malas prácticas producto de la desregulación,” expuso en el Parlamento el diputado Kim Chon-jin cuando a finales del año pasado presentó una propuesta para legalizar estos procedimientos.

A pesar de que legalmente figuran como “desempleados”, cuatro tatuadores trabajan cada día desde hace 10 meses en este local durante largas horas, con un ojo puesto en la piel del cliente y el otro en la puerta ante la posible irrupción de la Policía.

“He tenido suerte y nunca me han pillado”, comenta a la agencia Efe, aunque reconoce que muchos de sus amigos han recibido “fuertes multas” e “incluso alguno ha entrado en prisión”, asegura.

Sin embargo, la Asamblea Nacional no considera una prioridad la legalización de los tatuajes y por el momento mantiene congelado el debate.

El tatuador Kim Ki-bok se muestra optimista al calcular que “existen posibilidades de que se legalice en un plazo de 3 a 5 años”, lo que le permitiría dejar de trabajar con miedo a que en cualquier momento la policía lleve a cabo una redada en su estudio.

Los tatuajes en Corea del Sur tradicionalmente “estaban vinculados a la imagen de gánster y chicos malos”, explica el tatuador Kim, pero hoy “mucha más gente, y especialmente los jóvenes, los ven como algo atractivo y de moda”, asegura.


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