09.MAY Domingo, 2021
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

“Ojalá más adelante no tengamos que sentir envidia al comparar nuestras ciudades con aquellas fantásticas y llenas de oportunidades”.

Luego de estar en Quito una semana participando de la conferencia mundial Hábitat 3, organizada por las Naciones Unidas, regresamos con muchas lecciones y una gran desesperanza. Lecciones por haber conocido múltiples experiencias positivas que podrían ser aplicadas en nuestras ciudades, pero también tristeza al ver cómo otras ciudades del mundo avanzan mientras que nosotros retrocedemos y somos incapaces de promover ciudades justas, sostenibles y humanas.

Si bien participaron de Lima cuatro alcaldes distritales: San Borja, Miraflores, San Isidro y el Rímac, así como representantes de Ate y un regidor de la Municipalidad de Lima, se sintió la ausencia del alcalde metropolitano, Luis Castañeda Lossio. Quizás, de haber asistido, hubiera comprendido por qué sus propuestas de by-passes no solo son absurdas, sino que destruyen la ciudad; habría aprendido sobre la importancia de los ecosistemas urbanos o la necesidad de impulsar políticas culturales transversales y reconocer al espacio público como el gran lugar de construcción de ciudadanía que es. Pero no fue.

Por su parte, la delegación nacional del Ministerio de Vivienda estuvo presente y participó de reuniones oficiales. Sin embargo, el país no tuvo la inteligencia suficiente para obtener un stand en la exhibición. Ecuador, Argentina y Chile son algunos de los países de la región que estuvieron presentes. Quizá el Ministerio de Relaciones Exteriores no cayó en la cuenta de lo trascendental que es esta cumbre. Es una lástima que se desaprovechara la oportunidad.

La capital de nuestro vecino es una ciudad potente. En las zonas más centrales nos encontramos con veredas anchas, vías y cruces seguros, ciclovías, parques muy bien equipados (incluso con una pista olímpica para atletismo a disposición de los ciudadanos) y una programación cultural y social atractiva. En las zonas menos favorecidas, la calidad del espacio público disminuye y las veredas se angostan, pero las viviendas están consolidadas y crecen en altura promoviendo una densidad bien distribuida.

Las ciudades peruanas, por su parte, no nos ofrecen esta calidad, y los ciudadanos seguimos sufriéndolas y no disfrutándolas. Sin embargo, como una luz de esperanza, sé que las autoridades que asistieron han regresado con una visión de ciudad mejor y van a aplicar estos conceptos a sus distritos. Ojalá más adelante no tengamos que sentir envidia al comparar nuestras ciudades con aquellas fantásticas y llenas de oportunidades que nosotros aún no tenemos.


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