07.MAY Viernes, 2021
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

El presupuesto de los diálogos promovidos por el presidente Pedro Pablo Kuczynski es que quiere acercarse a Fuerza Popular; más en particular, a su lideresa Keiko Fujimori, para establecer con ella un vínculo personal.

Este deseo partiría de un hecho objetivo: Fuerza Popular tiene el control absoluto del Congreso, y para impulsar cualquier iniciativa medianamente importante, el presidente requiere su apoyo. Por su experiencia laboral y vital, parece confiar especialmente, además, en la fuerza de los contactos personales y en el establecimiento de vínculos de confianza con sus interlocutores. Por eso, después de su primer contacto, el presidente subrayó pragmática e implícitamente que se debe olvidar el pasado. Imposible no pensar en una alusión a la censura de su ministro de Educación.

Es más: también declaró a todos los medios que el contacto con su principal opositora había sido útil, franco y constructivo; y que –como se ha dicho– se habían “centrado en los temas del presente y futuro”. Por último, dijo que el Perú requiere llegar al bicentenario –el futuro, nuevamente– con “prosperidad y modernidad”. Queda claro que no se trataba de discutir una agenda, sino de alentar el acercamiento entre ambos líderes.

La ronda de diálogos estrictamente políticos se inició y terminó con el primero. Todos los demás tuvieron algo de decorado, de puesta en escena para justificar el primero, el único y verdadero. Es de esperar que salga algo diferente de la reunión del Acuerdo Nacional convocada para el próximo martes.

La apuesta del presidente es comprensible, pero precaria. La idea de un pacto de gobernabilidad no tiene un asidero realista. La propia Fujimori fue muy prudente sobre el grado de coincidencia entre ambos: su principal promesa fue respetar el Estado de derecho, lo que equivale a decir que no provocará la vacancia presidencial.

Lo quiera o no PPK, su gobierno tendrá que aprender a caminar entre acuerdos y discrepancias, en ambientes ora calmos ora alterados, acusando recibo de sonrisas y resistiendo gestos amenazantes.


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