09.MAY Domingo, 2021
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

“Ya se habían ocupado de quitarnos las ilusiones de una ciudad que encontraba la oportunidad de transformar su río Rímac en un río de verdad”.

Un incendio miserable acabó con las ilusiones de la comunidad shipibo-coniba. Al igual que a ellos, ya se habían ocupado de quitarnos las ilusiones de una ciudad que encontraba la oportunidad de transformar su río Rímac en un río de verdad, lleno de vida y color verde, en lugar de lo que hasta el momento nos ofrecen: una cloaca, un basurero que quieren mantener a como dé lugar.

Un ruin y miserable suceso que destruye los hogares y las vidas de más de dos mil personas. Personas que son tan vecinas de Lima como usted que nos lee, pero que además tuvieron que sufrir condiciones más duras y discriminación por ser migrantes de la selva. Migrantes, además, forzados, expulsados de sus territorios, algunos por el terrorismo y otros por la pobreza que los mataba y frente a los cuales no quedó más que huir.

Pocos imaginaron que llegaban a una selva de cemento más bruta y más dura aun. Es implacable y los pone a prueba cada día, sin darles tregua ni respiro. Ahora, con su comunidad hecha cenizas, deben enfrentarse nuevamente a la maldad que no los deja en paz y que los quiere obligar a salir.
Sin embargo, nuestros vecinos de Cantagallo parece que van a resistir, al igual que el resto de habitantes que se han organizado en distintas partes de la capital. No recuerdo acción colectiva tan intensa en cuestiones urbanas en los últimos veinte años.

Grupos de vecinos que se oponen a la ampliación de carriles, que se oponen a obras viales de infraestructura, que resisten ante los intentos de privatizar sus áreas verdes, cortar sus árboles y reducir su calidad de vida. Vecinos que se oponen a acciones miserables de alcaldes y funcionarios que han olvidado que están ahí para servir y no para beneficiarse de su comunidad, quienes buscan promover intereses privados antes que bienes públicos, quienes prefieren transar antes que servir. Miserables.

Sin embargo, la capacidad de responder, de canalizar ayuda, de colaborar, de contribuir, de buscar el bien colectivo, eso no se puede arrebatar y así como hoy Lima se une para ayudar a los amigos shipibo-conibos en el medio de esta tragedia, Lima también se unirá para hacer de su ciudad un lugar mejor. Aunque a los miserables eso no les guste nada.


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