08.MAY Sábado, 2021
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Última actualización 08:39 pm
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Opinión

“Si queremos vivir mejor, tenemos que empezar por nosotros mismos e ir desterrando a las cárceles a los que nos arrebatan nuestra dignidad”.

Los peruanos nos hemos acostumbrado a que nuestras autoridades busquen su provecho personal y no sirvan a su país. La vocación de servicio es una ilusión que se acaba tan rápido como se revienta un globo en manos de un niño pequeño. El fortalecimiento del Estado, la institucionalización, la rendición de cuentas y la transparencia son procesos que se han mostrado inservibles en una estructura de gobierno que solo es una máquina para desviar dinero.

Me imagino a todos los personajes corruptos sentados en alguna salita conversando sobre las estrategias que pondrán en práctica para robar más sin levantar sospechas. Subiendo el volumen de la radio para que no graben sus conversaciones, utilizando mecanismos de comunicación con seguridad adicional para que no los descubran en pleno negociado. Acuerdan dividirse la coima, pero miran con envidia a sus codelincuentes, pues esa plata también la hubieran querido para ellos. Se enredan en su propia mierda.

Son criminales de cuello blanco que se convierten en asesinos cada vez que, por su ambición, desvían fondos de obras y servicios públicos, condenando a muerte a una persona enferma. Sí, es por estos corruptos que tu familiar no puede recibir los medicamentos que necesita, pues hacen de la salud un “negociazo”. Es por el cáncer de la corrupción que te robaron el celular mientras caminabas por la calle, pues los patrulleros que compraron son una porquería, y porque muchos policías “complementan” su salario con las coimas que recogen cada día. Es por su mezquindad que hoy tenemos muchos damnificados por el desborde del río, pues la autoridad no ejecutó las obras necesarias ni analizaron los planes de riesgo. Es por los sobrecostos que se incorporan en las obras públicas, destinados a cubrir el costo de la megacoima que los ganadores de la megaobra han pagado para que se las adjudiquen. Es por su descaro que se ejecutan proyectos que en muchos casos son inútiles o fueron mal implementados. Un amigo suspiraba resignado: si al menos hicieran obras bien hechas.

Según el Instituto Integración, solo el 17% de peruanos confía en su gobierno. Si la mayoría sabemos que todos son corruptos, entonces, ¿por qué nosotros, simples ciudadanos, haremos el esfuerzo de cumplir nuestros deberes y exigir nuestros derechos? La respuesta es simple: si queremos vivir mejor, tenemos que empezar por nosotros mismos e ir desterrando a las cárceles a los que nos arrebatan nuestra dignidad, especialmente a aquellos que se visten de esperanza. Ya van dos, faltan todos los demás.


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