05.MAY Miércoles, 2021
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

“Lima, que estará de aniversario la próxima semana, es una ciudad que se odia a sí misma y cuya gente camina sin autoestima”.

Lima se está modernizando y son dos corrientes las que lideran ese avance. Una es la de Castañeda, adicto a by-passes, tréboles, vías rápidas, etc., llenando la ciudad de carreteras al estilo Los Ángeles o Miami, en las que no existe más la posibilidad de andar en bicicleta porque morirás aplastado, “por lorna”. La otra tiene en su versión joven y radical al alcalde de San Isidro, Manuel Velarde, y en su versión más moderada a Jorge Muñoz, de Miraflores.

Estos últimos me recuerdan al alcalde actual de Bogotá, Enrique Peñalosa. En un documental llamado Urbanized, que analiza una serie de ciudades en el mundo que han experimentado un cambio para bien, Enrique Peñalosa muestra con orgullo lo que ha logrado con su revolución urbanística. Peñalosa es, al igual que Velarde, el eterno revocable por quienes lo acusan de improvisar con el desarrollo de la ciudad capital, supuestamente generando más caos.

Mientras más infraestructura se construya, el tráfico solo aumentará. La única manera de resolver el tráfico es restringir el uso de autos, y la manera más obvia de hacerlo es restringiendo los parqueos. El problema es que la gente suele pensar que el parqueo es un derecho fundamental, y no lo es. De modo que nuestra necesidad de parqueo no es un asunto de los alcaldes, como sí lo es que el bien público prevalezca sobre el interés privado. Lima, que estará de aniversario la próxima semana, es una ciudad que se odia a sí misma y cuya gente camina sin autoestima, pensando que es normal agradecerle de rodillas al conductor que la dejó pasar en un cruce. Así las cosas, lo que pretenden hacer Velarde y Muñoz es democracia. Y democracia es que las personas que caminan o las que manejan bicicletas de 100 soles sean igual de importantes que las que manejan un auto de 20 mil. Eso muestra un respeto básico por la dignidad humana.

¿Que nos gusta salir en nuestro auto y tener dónde estacionar? Sí, claro, qué rico. Pero es un lujo, y el lujo tiene que costarnos. Qué flojera, diríamos si fuéramos más honestos. Qué flojera caminar, usar transportes públicos o taxis, qué flojera montar bicicleta, cargar paquetes, llevar a los niños en coche. Sí, eso es lo que nos da: flojera. Pero no porque implique un gran esfuerzo, gente de otros países lo hace, hasta muy mayor, y sobrevive perfectamente… sino porque en una ciudad inmadura y enferma como la nuestra, eso, en cierta forma, nos hace sentir inferiores, misios, vulnerables. Nos falta mucho y quizás revoquen a Velarde por “romántico” y critiquen a Muñoz por “abusivo”. Pero eso, estoy segura, solo nos hará más pobres como limeños.


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