18.MAY Martes, 2021
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

Nuestro país es mucho más grande que esta olla de grillos. Hay mucha gente valiosa construyendo su futuro al margen de este tiroteo.

Esperemos que se pasen las elecciones, decíamos, antes de emprender proyectos o tomar decisiones, ante el contexto de incertidumbre y conflicto político que nos tocó vivir. Pero ya pasaron seis meses y nada se calma. Estamos sufriendo los mismos síntomas que padece una familia donde los padres están en constante mechadera. No se pueden hacer planes, nunca se sabe en qué acabará un evento importante, quién tirará la puerta y se largará, quién insultará al otro, quién boicoteará cualquier intento de avanzar, proyectar, emprender, planear.

Ya son demasiados meses en esta tensión. Los ciudadanos de a pie somos una manada que no cuenta, una que marcha para hacerse sentir mientras los que mandan se muerden las colas, una masa espectadora que siente placer cuando uno noquea al otro. Pero esto solo nos ridiculiza más como peruanos. Mirar un reto de fuerza de brazos puede ser muy divertido pero es un absoluto hueveo. Tenemos que parar, lo sabemos, pero no podemos. ¿Cuánto tiempo más podremos estar así? ¿Cuánto tiempo más mostrándonos al mundo como un país disfuncional, pataletudo e inestable? Nuestro país es mucho más grande que esta olla de grillos. Hay mucha gente valiosa construyendo su futuro al margen de este tiroteo. Gente que trabaja de verdad, gente cuyo proyecto es tangible y generoso con su comunidad, su barrio, su familia. Gente que no tiene tiempo para malas noticias ni manipulaciones, sicosociales, pantallazos, chats, mototaxis.

La discusión no es mala en sí misma, son los argumentos los que le dan o le quitan nivel. Hemos escuchado hasta el cansancio el reclamo, al ministro censurado, sobre escuelas en mal estado. Muchas escuelas multigrado podrían construirse en zonas rurales si los congresistas que tanto reclaman renunciaran a su canasta navideña, por ejemplo. O también me pregunto por qué los miles de colegios construidos en los noventa se caen a pedazos veinte años después. Lo cierto es que la educación no se mide en ladrillos y cemento, y que la exhibición de prepotencia y bullying ha sido vergonzosa. Mal ejemplo. Mucho se ha hablado de educación, pero no se ha mostrado ninguna. Mucho se ha hablado de ideología de género mientras una niña violada moría en manos de gente cruel e ignorante. “Prohibido orinar aquí bajo pena de biolación” dice un letrero en un pueblo alejado de los andes. Al lado hay una escuela moderna y sólida que jamás será derribada por un huayco. Si eso es progreso, entonces ya sabemos qué tipo de ministro será el que imponga la mayoría parlamentaria. El daño ya está hecho, ustedes ganan.


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