26.SEP Sábado, 2020
Lima
Última actualización 08:39 pm
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Opinión

El miércoles 16 no solo se puso en evidencia, una vez más, la falta de cultura preventiva en seguridad en el país y la laxitud de instituciones privadas y públicas ante mandatos básicos de protección de la vida humana. También se notó la ausencia de protocolos de comunicación oficial y privada en situaciones de crisis, tragedias o desastres.

La comunicación fue el otro drama de ese día. Pocas veces se ha visto tantas contradicciones entre ‘voceros’, cifras equivocadas y conclusiones adelantadas sobre el incendio en los cines UVK de Larcomar, que se llevó la vida de cuatro personas.

Es posible que la presión de los medios presentes en los alrededores del centro comercial fuera demasiado intensa. Es posible que bomberos, Policía y Seguridad del Estado sintieran que había que decir algo ante el enjambre de cámaras, micrófonos y periodistas pugnando por una declaración, cifras, nombres, causas del fuego. Pero… ¿podían haber hecho coordinaciones mínimas antes de decir algo a la prensa? ¿Podían haber designado un único vocero oficial que diera información clara, sustentada, creíble y bien explicada? ¿Podían instruir a sus miembros para que no dieran información al paso no verificada?

Veamos. Si usted leyó o escuchó diferentes cifras de personas evacuadas de la sala, heridos, desaparecidos y fallecidos no fue error de los medios. No. Esta vez no. Las cifras las daban los jefes del Cuerpo de Bomberos y de la Policía, que se alternaban para declarar a los medios. De ese modo, se llegó a hablar de cinco fallecidos, de que incluso tres eran hombres y solo una mujer (fue al revés); de seis desaparecidos, o trece, o seis otra vez; se dijo que las víctimas habían resultado totalmente calcinadas, que así era imposible identificarlas; que había 500 personas dentro de las salas y que fueron evacuadas (este dato incluso Perú21 lo consignó en una nota de la web; en el impreso se señaló que eran algunas decenas de personas; en verdad, nadie ha podido dar una cifra real de asistentes a las salas a esa hora de la mañana, pero todo indica que no fueron 500).

Los bomberos todavía estaban trabajando y el jefe de Seguridad del Estado de la Policía, con una seguridad total, descartó causas, que fuera un fuego provocado y sentenció que la tragedia se debía a la falta de aspersores y vías de evacuación. Horas después, la fiscal Janet Bernal ponía el equilibrio en medio del drama: precisó número de víctimas, número de heridos, estado del control del fuego y búsqueda entre escombros, y guardó silencio ante la avalancha de preguntas sobre todo lo que aún está en proceso de investigación.

Al día siguiente, pasada la hora más crítica, las autoridades han sido más cautas en sus declaraciones. Pero la sensación de confusión y desborde ya se dio a través de los medios. E incluso las cifras equivocadas se reportaron a nivel internacional.

Faltan también planes o manuales de cobertura en los medios para situaciones como esta tragedia, así como la revisión de la ética de los periodistas al momento de registrar y transmitir estas noticias.

Si tienes alguna queja o sugerencia sobre los contenidos de Perú21 puedes contactar a Claudia Izaguirre escribiendo al correo defensor@peru21.com o a su cuenta de Twitter, @claudiaizaguirr.


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