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Madre Mía: denuncian que hubo soborno

Martes 22 de marzo del 2011 | 07:01

Ante Poder Judicial, Rubén Gómez Reátegui sindica al hombre de confianza de Ollanta Humala en la ‘compra’ de testigos del caso.

Amilcar Gómez y Jorge Ávila implicados en la ‘compra’ de testigos. (Difusión)
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Por Daniel Yovera

Rubén Gómez Reátegui, uno de los procesados por el presunto soborno a los testigos del caso Madre Mía, sorprendió el miércoles de la semana pasada a los integrantes de la Segunda Sala Penal Liquidadora, al sindicar al hombre de confianza de Ollanta Humala en el Ejército –Amílcar Gómez Amasifuén– como el que “compró” a uno de los testigos más importantes de ese caso de violación de derechos humanos, para que retire su acusación contra el líder nacionalista.

Ese hombre que cambió su denuncia original se llama Jorge Ávila Rivera, y no era un simple testigo. Él mismo fue detenido en 1992 y conducido al cuartel Madre Mía, junto con su hermana Natividad y el esposo de esta, Benigno Sullca. Jorge logró escapar, arrojándose al río Huallaga, pero su cuñado y hermana fueron asesinados, y por ello, en enero de 2006, denunció públicamente a Humala, por presuntamente haber liderado la patrulla que los ejecutó.

Sin embargo, en junio de ese año, desistió de esa versión, precisando que no fue Humala quien comandó a los soldados. Según el reciente testimonio de Rubén Gómez, ese repentino cambio le valió 4 mil dólares. Hoy, a las 3:30 de la tarde, la misma sala, ubicada en la avenida Arenales, interrogará al procesado Amílcar Gómez.

TESTIMONIO SORPRESA. La sorpresa por lo dicho por Rubén Gómez era notoria, pues el año pasado, en la primera instancia judicial, *él mismo había negado “coima” *alguna. Perú.21 escuchó su manifestación, y al final de esta, conversó con él. Su relato es el siguiente.

TINGO MARÍA, 2006. Aproximadamente el 20 de junio de 2006, cuando Alan García había ganado en segunda vuelta a Humala, cuatro personas llegaron a la casa de Gómez en Pucayacu. En el grupo se encontraba una “señorita Cynthia” –cuya identidad no está clara aún– y Amílcar Gómez, suboficial del EP que el 29 de octubre de 2000 participó en el levantamiento de Locumba, liderado por Humala.

Los visitantes le pidieron que convenza a su cuñado Jorge Ávila para que varíe su declaración, a cambio de dinero. Cuando lo consiguió, llamó por teléfono a Amílcar Gómez, quien se encontraba en Tingo María aguardando la respuesta. Ávila pedía 4 mil dólares.

LA DECLARACIÓN JURADA. El 28 de junio llegaron a Tingo María y buscaron a sus contactos en el Hotel Royal. “Allí estaban Amílcar, Cynthia y Julio Méndez (un lugareño a quien vincula con Humala); Cynthia le entregó 2 mil dólares a Amílcar y este, a Ávila”. Los otros 2 mil se los darían apenas firmara su rectificación.

Por eso, se dirigieron a una notaría de la calle Raymondi, y una hora después, ya estaba lista la declaración jurada, que consignaba que el operativo de la muerte ocurrió, pero que no fue liderado por Humala. De nuevo en el hotel, le entregaron los 2 mil dólares restantes.

A Rubén Gómez no le dieron nada. Días después, la defensa del nacionalista incorporó ese documento al expediente judicial. El retroceso de Jorge Ávila complicó las pretensiones de judicializar el caso, y en febrero de 2009, el fiscal Víctor Cubas pidió archivar el asunto “por falta de pruebas”.

LIMA, 2006. “Al poco tiempo, allí nomás, calientito, me volvió a buscar Amílcar”, narró Gómez. Su nueva misión era ubicar en Lima a María Sullca, hija de los esposos ultimados, y a Teresa Ávila, hermana de la desaparecida, quienes iban a declarar contra Humala. La oferta para ambas era de 20 mil dólares.

El 22 de agosto dio con la casa de María Sullca, en Villa El Salvador. Tras plantearle el ofrecimiento, esta le pidió tiempo y le propuso verse en dos días cerca de la tienda Metro, de San Juan de Lurigancho (SJL). Cuando Gómez se fue, María telefoneó a su abogado, Víctor Álvarez, de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, y ambos planificaron grabarlo. Entonces, se pusieron en contacto con Cuarto poder.

Este diario buscó a Sullca para contrastar esa versión, y aunque rechazó ser entrevistada por temor a represalias, sí confirmó los datos. Solo agregó que el día del encuentro en SJL, además de Cuarto poder, había policías vestidos de civil en los alrededores, aguardando que se concretara la entrega del dinero para capturar a Gómez. Pero no contaban con que Amílcar merodeaba la zona, y al percatarse del peligro, llamó al celular de Rubén, quien se retiró raudo del lugar. El delito no se cometió.

Pese a ello, Teresa Ávila y María Sullca denunciaron a Rubén y Amílcar Gómez por intento de soborno, y ese es el caso que aún se ventila en la Segunda Sala Liquidadora. ¿Por qué creerle hoy a Gómez Reátegui si en primera instancia negó los hechos? Respondió que las promesas que le hizo Amílcar Gómez, de dinero y de defensa legal, nunca fueron cumplidas. Dice que ahora mantendrá su posición a sabiendas de la condena que pueda recibir.

El abogado de Amílcar Gómez, Rafael Franco de la Cuba, dijo a este diario que la versión de Rubén Gómez “es medio idiota… él es un extorsionador”. Se espera que su defendido dé esta tarde una manifestación contraria a la de Rubén Gómez. El abogado de Jorge Ávila, Paul Cuba, prefirió no declarar, sino hasta hoy, pero adelantó que la posición de su patrocinado no variará.