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Río de Janeiro festejará Año Nuevo en ambiente de luto y miedo

Viernes 29 de diciembre del 2006 | 12:00

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RIO DE JANEIRO.

En ambiente de luto y de miedo, los seis millones de habitantes de Río de Janeiro esperan la llegada del Año Nuevo intentando recuperarse de la jornada de terror vivida este jueves, cuando ataques en serie perpetrados por delincuentes dejaron un saldo trágico de 18 muertos y 23 heridos.

Los atentados, que sacudieron casi todas las regiones de la ciudad -desde las más ricas hasta las más pobres-, agudizaron la sensación de inseguridad de la población, especialmente después que las autoridades provinciales admitieron que sus servicios de inteligencia les habían advertido de los ataques dos días antes de que ocurrieran.

"La gobernación de Río se enteró con antelación, pero no hizo nada para prevenir. No hay un plan estratégico", lamentó la antropóloga Alba Zaluar.

"¿De qué sirve tener organismos de inteligencia de la policía, si no se hace nada para impedir los atentados", se preguntó Zaluar, quien integra el Núcleo de Investigaciones de Violencia del Instituto de Medicina Social de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Asimismo, el sociólogo Luiz Eduardo Soares, ex secretidad Pública, consideró que la serie de atentados demostró, una vez más, que los gobernantes brasileños no tienen un plan estratégico y de largo plazo para proteger la población de la criminalidad.

"Sólo debatimos seguridad pública en las catástrofes. Y, en las catástrofes, todos quieren soluciones emergenciales. Si no hacemos una reforma profunda, seguiremos solamente llorando nuestros muertos", advirtió.

La lista de muertos de la jornada de terror de este jueves incluye a siete pasajeros de un autobús que viajaba del vecino Estado de Espírito Santo a Sao Paulo y que, al pasar por Río, fue incendiado por un grupo de 30 hombres armados.

Además de las siete personas que murieron carbonizadas, otras 12 se encuentran hoy internadas con quemaduras, y por lo menos dos de ellas están en grave estado.

La respuesta de las autoridades a la ola de violencia recién se produjo anoche, cuando efectivos policiales ocuparon diez favelas controladas por narcotraficantes -de las cuales, supuestamente, se originó el orden para los ataques- y aumentó la presencia de agentes en las calles.

Las autoridades provinciales informaron además que el efectivo policial movilizado para garantizar la seguridad en los festejos del Año Nuevo llega a 20.734 agentes, un 20 por ciento más que en 2005.

Pese a ello, durante la madrugada un autobús fue incendiado en la vecina ciudad de Niteroi -sin dejar víctimas- y un tiroteo entre delincuentes y policías sembró pánico en una de las principales vías de acceso a Río.

Más de 24 horas después de los ataques, las autoridades a n discrepan sobre su causa. La versión apuntada como más probable es la defendida por la Secretaría provincial de Administración Carcelaria, que atribuyó los atentados a una reacción de los narcotraficantes a la creciente presencia en las favelas de "milicias de justiceros", formadas por policías y ex policías.

A lo largo de los últimos dos años, esos grupos han expulsado a los traficantes de drogas de 92 favelas y pasaron a controlar las comunidades, cobrando a sus habitantes y comerciantes una "tasa de protección", al estilo de la mafia de la Chicago de la década de 1930.

Según el antropólogo Gilberto Velho, las autoridades suelen ser tolerantes con las "milicias", porque consideran que su acción contribuye a bajar los índices de criminalidad. Pero, para los habitantes de esas barriadas, se trata solamente de un "cambio de opresor", que deja a desnudo la ausencia del Estado en las comunidades pobres.

"Las relaciones promiscuas entre delincuentes y policía siguen existiendo. Los núcleos de poder del crimen siguen intocables. Ese no es un problema que se soluciona de un momento a otro", afirmó el ex secretario nacional de Seguridad Pública, Luiz Eduardo Soares.

Un cambio en esa situación podría ocurrir a partir del lunes próximo, cuando asumirá el poder en Río de Janeiro el gobernador electo Sergio Cabral, quien prometió recurrir incluso a los efectivos de la Fuerza Nacional de Seguridad para combatir la criminalidad en Río.

No se descarta incluso la posibilidad de anticipar para los próximos días la llegada a la ciudad de unos 7.000 efectivos de esa tropa federal, que eran esperados en Río recién a partir de mayo próximo, para armar el esquema de seguridad con miras a la disputa de los Juegos Panamericanos, que se celebrarán entre el 13 y el 29 de julio.

Por ahora, los seis millones de cariocas siguen viviendo el ambiente de luto que podrá opacar la famosa fiesta de Año Nuevo de la ciudad, que suele reunir el 31 de diciembre a unos dos millones de personas en la playa de Copacabana, para seguir el espectáculo de fuegos artificiales que saludará la llegada de 2007.

Fuente: dpa