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Dalila Gamarra: "Les devolví la esperanza de tener un trabajo digno"

Domingo 27 de junio del 2010 | 08:30

Trabaja con más de 200 familias de la periferia de Lima y del interior del país, exportando el arte peruano.

La crisis obligó a Dalila a buscar más mercados y conocer nuevas técnicas para ser competitiva. (USI)
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En los 80, cuando Dalila Gamarra empezó su labor como asistenta social no se imaginó llegar a ser una empresaria de éxito y dirigir Inka Traditions, compañía dedicada a la producción, difusión y comercialización del arte milenario peruano.

Dalila recuerda que mientras hacía sus prácticas preprofesionales en Mirones Bajo, El Agustino, Pamplona, San Juan de Lurigancho y otras comunidades de la periferia de Lima, se percató del gran potencial de los trabajos artesanales que realizaban los migrantes a la capital. Este arte no le era extraño, puesto que su familia –desde sus bisabuelos– comercializaba artesanía.

Así, decide asesorar a los artesanos, formando talleres productivos con el objetivo de volverlos autogestionarios para que puedan vender sus artículos. “Para mí fue indispensable revalorizar no solo la importancia socioeconómica de la actividad artesanal, sino también reafirmar la identidad nacional y la conservación de nuestra tradición cultural”, precisa.

Para nuestra amiga, uno de sus primeros logros en esta etapa fue “devolverle la esperanza a cientos de familias que huían del terrorismo, al generarles un trabajo digno, que además revaloraba su arte”. En 1992, Dalila inicia lo que ella consideraba “un sueño e ilusión”: Inka Traditions. Comenzó vendiendo cerámicas, después pasó a la pintura, la joyería en plata y los muebles.

LOS RESULTADOS. Tras 18 años de esfuerzo y constancia, Dalila hoy exporta directamente sus productos a Estados Unidos, empleando alrededor de 200 familias de las zonas marginales de Lima, la sierra y algunas comunidades de la selva.

Pero no todo fue sencillo. Cuando empezó la crisis internacional, la demanda se redujo sustancialmente, así como los precios, lo cual no le permitía sostener los márgenes de ganancia para los proveedores con los que trabajaba. Ello la obligó a salir a buscar otros mercados y colocar sus productos directamente.

“La crisis nos ayudó a detectar que estábamos cayendo en el error de limitarnos en lo étnico y no seguir las tendencias”, confiesa tras relatarnos su periplo por varias ciudades del Asia, donde aprendió nuevas técnicas que mejoraban la productividad de sus trabajos.

Actualmente, Inka Traditions se está preparando para participar en ferias en Estados Unidos y Alemania, con las tendencias de 2011, que son los colores pasteles con los bordados, las pinturas y las aplicaciones. “Los grandes consumidores en el extranjero, en Estados Unidos y Europa nos están demandando decoraciones. No nos limitamos a vender artesanía étnica, estamos siendo un poco más agresivos al posesionarnos en la decoración”, concluye.