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Asesinos en serie que actuaron en Lima

Domingo 13 de junio del 2010 | 07:01

Así como Van der Sloot, varios homicidas han azotado la capital en los últimos años. No tienen remordimiento y actúan a sangre fría.

'El Apóstol’. Nakada Ludeña es el mayor asesino en serie de la historia del Perú. (USI)
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Por Miguel Sarria

Joran van der Sloot aparentaba ser un muchacho encantador. Alto, fornido, muy educado e inteligente. Solo con verlo, nadie habría podido imaginar que se trataba de un asesino en serie. Que a solas cambiaba completamente sus buenos modales por una actitud extrema y sin remordimientos.

Así actúan estos criminales. Más que normales, se presentan como personas calmadas, nobles y hasta amigables. Seleccionan a sus víctimas de acuerdo con un perfil que está en su mente. Para ellos, matar no está mal. Por el contrario, según refiere el psiquiatra Freddy Vásquez, especialista del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, su cerebro los “premia’ con una hormona llamada dopamina, la cual les da satisfacción. En ellos se genera un estado de felicidad, la cual los lleva a cometer atrocidades una y otra vez.

Como se sabe, Van der Sloot dejó en Aruba otra víctima. La joven Natalee Holloway fue asesinada con crueldad y su cuerpo terminó siendo lanzado al mar. Este detalle dejó libre al holandés y le permitió venir a Perú y seguir con su seguidilla de crímenes. Lo increíble es que estos homicidas por vocación son más comunes de lo que se cree.

“EL APÓSTOL’. En 2006, un testimonio dejó sin aliento hasta a los más curtidos detectives de la comisaría de Huaral. El mecánico Pedro Pablo Nakada Ludeña (37) narró paso a paso, puntualizando detalles y sin el menor arrepentimiento, la forma cómo asesinó a 18 personas.

Sus víctimas, en su mayoría, fueron ladrones, prostitutas, homosexuales y drogadictos. Se hizo llamar El Apóstol y, según su versión, actuó s*iempre guiado por “órdenes divinas”.*

Este sujeto es el mayor asesino en serie de la historia del país. En sus declaraciones, se puede sentir la sangre fría con la que actuaba, pues decía que estaba en este país para “limpiar’ la sociedad.

“Encontré a una señora sola, fumando (droga). Pasé por su lado y entre mí dije: “Esta señora por las puras vive’. Le disparé en la cabeza”, reza parte de su manifestación. “El Apóstol’ averiguaba la ubicación de fumaderos y prostíbulos. Acudía a dichos lugares y mataba a los “pecadores’.

Otra parte del documento policial da cuenta de lo siguiente: “Me constituí a la peluquería Guisella. Me había enterado de que el cosmetólogo que trabajaba allí era homosexual, tenía sida y se prostituía. Le pedí que me diera un servicio (sexual). Cuando se bajó el pantalón, le disparé tres veces en la nuca”. Así actuaba Nakada Ludeña, sin el menor remordimiento.

La Policía lo detuvo cuando planificaba un gran atentado. Pensaba lanzar una granada a una discoteca gay.

A SANGRE FRÍA. El interior del país quedó conmocionado en enero de 2008. El “Carnicero de Oxapampa’, Mail Malpartida Achón, fue detenido en Junín, por asesinar y descuartizar con un filudo cuchillo a más de 10 personas, entre policías, comerciantes, mineros y empresarios.

Mataba para robar, pero, antes, mutilaba a sus víctimas por el simple placer de hacerlo. A algunos les cortó la lengua. A otros, el cuello o les abrió el vientre para sacar sus vísceras.

En febrero 2006, otro homicida despiadado fue detenido en Tacna. Alex Maquera Ascencio, quien mató en Tacna a ocho personas, fue detenido. Su arma predilecta era un martillo. También está Nicolás Gutiérrez Mendoza, conocido como el “Monstruo de Parcona’. Este criminal violó y asesinó a una decena de niñas a fines de 1995, en Villa El Salvador, Villa María del Triunfo e Ica.

Finalmente, están los enamorados Elvis Béjar Challco (22) y Cynthia Durand Huamaní (21), detenidos en marzo. La pareja, que ha marcado con la muerte a más de 50 mujeres, actuaba con una modalidad, para muchos, más despiadada y cruel. Ambos secuestraban prostitutas para contagiarles el VIH-Sida. Aunque siguen vivas, estas personas están condenadas a una enfermedad incurable y a una muerte muy triste.