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La poesía mítica de Domingo de Ramos

Miércoles 03 de junio del 2009 | 08:02

El poeta iqueño presenta Dorada Apokalypsis, donde revisa mitos que nos desenmascaran. En el libro hay largos, violentos y complejos poemas, muchos en prosa poética, que, sin embargo, no resultan crípticos.

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Por Gonzalos Pajares

La poesía de Domingo de Ramos está condenada a ser radical, como su autor, como su vida, como su manera de entender el mundo.

En su sétimo poemario, Dorada Apokalypsis (Tranvía Editores e Intermezzo Tropical), su voz sigue preguntándose por la condición humana. Sin embargo, esta vez, como señala el poeta Luis Fernando Chueca, “explora un nuevo filón al recuperar frontalmente mitos que atraviesan los más cerrados nudos de nuestra desconcertada condición”.

ANDINOS, UNIVERSALES, SUBTERRÁNEOS. Domingo de Ramos nació en Ica –como Domingo Ramos Ramos–, en 1960. Junto con Roger Santivánez y otros poetas, fundó el grupo Kloaka en 1982. “Solo he pertenecido a este grupo. Se desintegró en 1984. Como las buenas bandas de rock, no volvimos a juntarnos, sin embargo, nuestra voz se consolidó en la llamada movida subterránea de los años 80”, nos cuenta el poeta iqueño.

“Para poder encarnar los personajes del libro, que están sobre el bien y el mal y se preocupan por la condición del hombre, se hizo necesaria una voz poderosa. Por eso la fuerza y la violencia de algunos versos. Aquí realizo mi lectura del mundo –como hizo José María Arguedas en El zorro de arriba y el zorro de abajo– a través de los mitos, ya sean estos andinos (Torokuna), urbanos (“Chacalón’ y Clímaco, el asesino del martillo) o universales, agrega el ex Kloaka.

En Dorada Apokalypsis hay largos, violentos y complejos poemas, muchos en prosa poética, que, sin embargo, no resultan crípticos. Y, a través de personajes como “Chacalón’, Clímaco y los gánsters al volante de una combi, De Ramos nos empuja, como sostiene Luis Fernando Chueca, “al abismo del final”.