21.JUN Jueves, 2018
Lima
Última actualización 02:09 pm
Clasificados

La lógica de los vaticanistas y el desfile de los papables

Viernes 15 de abril del 2005 | 12:00

Compartir
Roma, 15 abr (EFE).- Las puertas de la Capilla Sixtina para que comience al cónclave que elegirá al sucesor de Juan Pablo II están a punto de abrirse, tras las decisivas reuniones en las que los cardenales han fijado posiciones y orientado estrategias y votos.

De lo hablado y lo tramado poco se ha sabido y lo que se dice que ha trascendido no ha podido ser contrastado, aunque el dictado de los vaticanistas más influyentes ha convertido en certezas lo que a priori tenía sólo apariencia de meras especulaciones.





A partir de este principio, aceptado por la mayoría como una dictadura inevitable, y a fuerza de repetir lo leído, se ha acabado dibujando el escenario de papaples en el umbral del cónclave, con dos nombres por encima de los demás: el del cardenal alemán Joseph Ratzinger y el del italiano Dionigi Tettamanzi.





Entre los vaticanistas y periodistas afines hay, al igual que entre los purpurados, grandes electores, capaces de arrastrar a los demás por su venerable experiencia o por la altura del púlpito desde el que predican.





Esos adelantados han escrito que Ratzinger tiene 40 ó 50 votos de los 77 necesarios (dos tercios de los 115 electores) para ser el próximo Papa y que, frente a su opción, se ha fraguado la alternativa Tettamanzi, apadrinada por su antecesor como arzobispo de Milán, el "progresista" Carlo Maria Martini.





Algunos de los primeros en citar al purpurado alemán le han restado luego posibilidades efectivas, aunque reconocen que si queda fuera de la liza, como prevén, será decisivo con sus indicaciones.





En un segundo plano, por si el primer "duelo" acaba sin fumata blanca, se sitúa a los papables latinoamericanos, con una lista en la que destacan el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, el brasileño Claudio Hummes, el argentino Jorge Bergoglio, el mexicano Norberto Rivera Carrera y hasta el chileno Francsico Errázuriz.





Para eventuales nuevas vueltas se cita a los italianos Angelo Scola y Camilo Ruini, de los que se dice que inicialmente apoyarían a Ratzinger, lo que demuestra la falta de unión que reina entre los representantes del país de la llamada cantera papal.





Otros nombres que se dejan caer en el relato de lo que supuestamente está aconteciendo en el impenetrable selecto club de príncipes de la Iglesia son los del portugués Jose Da Cruz Policarpo, el austríaco Christoph Schonborn, el francés Philippe Barbarin, el indio Ivan Dias y el nigeriano Francis Arinze.





Pero entre todos, el más nombrado al final de las sucesivas Congregaciones Generales ha sido Joseph Ratzinger, mano derecha como guardián de la fe y el dogma del fallecido Juan Pablo II y que mañana sábado cumple 78 años.





Su condición de decano del Colegio Cardenalicio le ha otorgado un papel relevante tras la muerte del Papa Wojtyla, ya que fue el oficiante de su funeral, de igual manera que presidirá la misa que precede al cónclave, llamada "Pro Eligendo Pontefice", además de coordinar en cierta medida las reuniones previas de sus colegas.





Los detractores de Ratzinger, que los tiene, y algunos entre sus propios colegas alemanes, han aprovechado el lanzamiento virtual de su candidatura para hurgar en su estado de salud, subrayar su aparente perfil "conservador" y su "limitada" capacidad de gestión.





A su presunto rival, Dionigi Tettamanzi, al que se le compara con Juan XXIII, también le buscan las vueltas los que inciden estos días en el hecho de que no habla idiomas, mientras recuerdan que la condición de políglota del nuevo Papa parece inevitable.





Ya se sabe que es tradición en la milenaria elección de sucesores del Apóstol Pedro "quemar" a los candidatos con todo tipo de recursos y repetir el dicho, para curarse en salud, de que en el cónclave quien entra Papa, sale cardenal.





En medio de estos tópicos y entre especulaciones elevadas a la categoría de información, la peculiar lógica de los vaticanistas, de determinados vaticanistas, para ser más exactos, ha ordenado el desfile de los papables hacia el inminente cónclave. EFE